Vampiros entre lo viejo y lo nuevo

La invitación | Crítica

Los vampiros vuelven al cine con 'La invitación'.
Los vampiros vuelven al cine con 'La invitación'. / D. S.

La ficha

** 'La invitación'. Terror, EE UU, 2022, 104 min. Dirección: Jessica M. Thompson. Guion: Blair Butler, Jessica M. Thompson. Música: Dara Taylor. Fotografía: Autumn Eakin.

Intérpretes: Nathalie Emmanuel, Stephanie Corneliussen, Thomas Doherty, Sean Pertwee, Hugh Skinner, Alana Boden, Courtney Taylor, Virág Bárány, Kata Sarbó, Jeremy Wheeler, Carol Ann Crawford, Scott Alexander Young.

La orfandad y los subsiguientes apuros económicos que frustran las ambiciones artísticas de una joven afroamericana hacen que, tras descubrir que tiene una acaudalada rama familiar británica blanca cuya existencia desconocía, acepte su invitación a su residencia rural. Un parentesco que habría hecho bien en seguir desconociendo y una invitación que habría debido rechazar. Vampiros, nada menos, le esperan. Seres ricos y bellos que viven en un perverso y lujoso mundo de estética gótica en el que la afroamericana deberá luchar contra sus sentimientos -porque hay juegos de seducción- y sus miedos -porque hay amenazas terroríficas- para sobrevivir.

Nada le falta a la película para estar al día en lo que a corrección política se refiere: una denuncia más oportunista que oportuna o seria del clasismo a través del trato a la servidumbre -con la que la protagonista conecta muy bien por sus antecedentes profesionales- muy a lo Nunca delante de los criados, el éxito editorial de F. V. Dawes; una denuncia igualmente más oportunista que oportuna o seria del racismo más o menos encubierto de la clase alta británica muy a lo Meghan Markle entrevistada por Ophrah. Meghan MarkleTampoco nada le falta para sumar, aunque no encajen, elementos de éxito previsible: desde romance gótico de novelón rosa con toques de ero-vampirismo a lo Crepúsculo a una cierta actualización de las señoras con gasas de la Hammer moviéndose a la luz de las velas en estancias oscuras, polvorientas y telarañosas.

La directora australiana afincada en Hollywood Jessica M. Thompson, que tuvo cierto éxito con La luz de la luna, se toma demasiado tiempo en unos preliminares más bien insatisfactorios que duran casi toda la película para entrar en faena de terror solo en su último tramo tras practicar el miedo de sobresalto sonoro. El resultado es mediocre, aunque la película sirve para demostrar tanto las aptitudes interpretativas como la fuerza de su presencia ante la cámara de Nathalie Emmanuel, descubierta por dos entregas de Fast & Furious y por la serie Juego de tronos. Ella es lo mejor de esta pequeña película que, pese a su cortedad, ha obtenido buenos rendimientos en taquilla.

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