Exposiciones

Miguel Trillo y la onda expansiva

  • El fotógrafo retrata en una muestra en la sala Atín Aya a los 'cosplayers', una generación "que ya no se inspira en el barrio y encuentra sus referentes en las redes sociales"

Un momento de la inauguración de la muestra. Trillo es el segundo por la derecha.

Un momento de la inauguración de la muestra. Trillo es el segundo por la derecha. / Antonio Pizarro

Tras retratar a los integrantes de la movida madrileña, a los pijos o a los aficionados al hip hop y erigirse con esas series en testigo imprescindible de los rumbos que tomaba la juventud, el fotógrafo Miguel Trillo (Jimena de la Frontera, Cádiz, 1953) descubrió un día que él, que había conocido las faunas más dispares, aún poseía la capacidad para sorprenderse. En una visita a Manila, a principios de siglo, quedó impactado por el atrevimiento con el que los chavales abrazaban nuevos códigos: le deslumbraron los pelos de colores, las ropas llamativas, la actitud de aquellos muchachos que tomaban el espacio público ataviados como criaturas de ficción. "Asia es una onda expansiva, y eso acabaría extendiéndose por el planeta", recuerda el autor, que no quiso perderse esa sofisticada reinvención que vivía el mundo y empezó a captar con su cámara el fenómeno de los cosplayers, que se presentan ante los demás caracterizados como personajes de películas, mangas, series o videojuegos. Una investigación que ha llevado a Trillo más de una década y que ahora comparte con el público en la sala Atín Aya, en una exposición, Ficciones, coproducida con el Centro de Arte de Alcobendas y que podrá verse en Sevilla hasta septiembre. La directora del espacio madrileño, Paz Guadalix, el delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Sevilla Antonio Muñoz y el comisario de la muestra, Sema D’Acosta, acompañaron al artista en la inauguración.

"En 2009", rememora Trillo, "el CAAC me dedicó una retrospectiva, Identidades, y cuando te hacen una exposición así parece que tu vida se ha acabado. Así que este sería, digamos, un proyecto póstumo", bromeaba este miércoles ante sus retratos, un trabajo en el que deja atrás el ámbito de la música que tanto ha frecuentado en su carrera y recorre los festivales de cómics y convenciones de Europa, Asia y América. "Es curioso que un fotógrafo documentalista, alguien que retrata la realidad, acabe llamando Ficciones a su exposición", admite. "En cada imagen detallo el sitio y la fecha donde fue tomada, pero al mismo tiempo los protagonistas están representando algo", dice sobre una selección por la que desfilan referencias diversas como Sailor Moon, Suicide Squad o Bojack Horseman e incluso una cantante virtual como Miku Hatsune protagoniza conciertos en forma de holograma. "Me gusta mucho cuando la literatura y la imagen", añade Trillo, "se mezclan: Juan Rulfo era fotógrafo, Cortázar hablaba mucho del tema en sus libros".

Una imagen de Miguel Trillo tomada en Los Ángeles en 2016. Una imagen de Miguel Trillo tomada en Los Ángeles en 2016.

Una imagen de Miguel Trillo tomada en Los Ángeles en 2016. / Miguel Trillo

Para el comisario Sema D’Acosta, Ficciones permite que el público se reencuentre con uno de los nombres "más destacados de la fotografía contemporánea, andaluza y española. Un dato que revela su alcance internacional es que el Festival de Arlés ha seleccionado diez fotolibros de todo el mundo y uno de ellos es de Miguel Trillo. Yo espero que el próximo Premio Nacional de Fotografía sea para él, creo que lo ganará este año o el siguiente", augura. Pero, para el especialista, la muestra posee también otro valor: que Trillo, cronista privilegiado, revela con sus estampas la transformación que han vivido las relaciones sociales en este nuevo siglo. "Ese 2009 al que se refería antes Miguel, cuando hace la exposición de Identidades, es, de algún modo, el fin de la calle. Los referentes culturales van a ser a partir de ese momento las redes sociales, los móviles, internet. Si antes la gente joven partía de la plaza, el instituto, los compañeros, la música, y todo eso generaba movimientos como los mods, los rockers, los skaters, el rap, a partir de 2005-2010, depende del lugar del mundo, eso cambia. Los jóvenes ya no tienen por qué relacionarse con sus vecinos del barrio, sino con gente de todo el mundo, a través de internet. Ahora, viven en un círculo donde realidad y ficción están solapadas, los héroes de carne y hueso tienen cada vez menos importancia para ellos y cada vez cobran más peso los personajes de anime o de manga. Esa globalización es lo que refleja esta muestra".

"Cada juventud trae una criatura estética, y ésta es la del presente", considera el autor

Trillo evita hacer afirmaciones categóricas –"no soy sociólogo", dice–, pero va expresando su fascinación por el paisaje humano que se ha encontrado en sus viajes. "Otro rasgo que me parece interesante es que el género es más ambiguo, más flexible, hay quienes no quieren definirse. A mí me ocurría que al hacer una foto me costaba reconocer que bajo el atuendo, por ejemplo, había dos chicas. Pero es como cuando alguien lee una novela, no importa si es una mujer o un hombre. La imaginación carece de género", apunta.

Una chica caracterizada como Harley Quinn. Una chica caracterizada como Harley Quinn.

Una chica caracterizada como Harley Quinn. / Miguel Trillo

Aunque el espectador ajeno a la causa pueda catalogar como exótico el cosplay, donde, explica D’Acosta, "el traje es tan importante como la actitud. Si el personaje es tímido tú tienes que serlo también", Trillo cree que esta manifestación cultural "es otro underground como el que yo retraté. Hoy quizás ya no exista ese concepto, el Madrid más canalla o la Sevilla más extraña son rutas turísticas hechas por las redes sociales... pero sí existe un underground mental", afirma. "Cada generación trae una criatura estética con ella, y esta es la de ahora", sentencia un autor que vaticina que "dentro de cinco años los móviles quitarán, eso creo, la posibilidad de hacer fotos. La gente va a contar sus historias con los vídeos".

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