Las reliquias de la Hispalense descansan ya en Eritaña
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La Universidad de Sevilla inaugura su nueva biblioteca general, Rector Antonio Machado y Núñez, con más de 130.000 ejemplares, entre ellos la Biblia de Gutenberg.
Un tesoro. Así puede calificarse el fondo histórico de la nueva biblioteca general de la Universidad de Sevilla (US) que abrió a finales de marzo sus puertas en la Avenida de la Guardia Civil (antigua Eritaña). La cámara de seguridad está formada por largos pasillos de estanterías donde se encuentran depositados volúmenes amarillentos y desgastados por el tiempo. Una auténtica reliquia que alberga este nuevo centro en el que la institución académica ha invertido casi seis millones de euros. La biblioteca lleva por nombre Rector Antonio Machado y Núñez, abuelo de Manuel y Antonio Machado.
La puesta en marcha de esta biblioteca supone, en palabras del rector, Miguel Ángel Castro, el inicio del futuro Campus de Humanidades. "Culmina un largo camino, no siempre fácil", subrayó Castro durante la inauguración oficial de este centro, acto al que también acudieron el alcalde de la ciudad, Juan Espadas, y el consejero de Economía y Conocimiento y anterior rector de la Hispalense, Antonio Ramírez de Arellano. Las palabras de Castro hacían referencia a las vicisitudes a las que ha tenido que enfrentarse la HIspalense desde que en la década pasada planteó la necesidad de liberar el Rectorado, situado en la Antigua Fábrica de Tabacos, para que en él tuvieran cabida todas las titulaciones de Humanidades, incluida Filosofía, que se encuentra actualmente en Ramón y Cajal.
La primera propuesta fue la de construir la colosal biblioteca del Prado, según diseño de Zaha Hadid. La presión vecinal hizo que la Justicia fallara contra los intereses de la Hispalense, que, tras construir los pilares, tuvo que demoler y devolver el espacio a su configuración anterior. Un proceso que costó 11 millones de euros.
Ante tal varapalo, la Hispalense optó por construir la nueva biblioteca en unos terrenos colindantes con el Pabellón de México de la Expo del 29 -sede también universitaria- y junto al cuartel de Eritaña. El edificio se compone de tres plantas sobre rasante y un aparcamiento subterráneo. El solar sobre el que se levanta tiene una extensión de 2.514,85 metros cuadrados, de los que 1.207,5 se destinan al edificio. La planta baja, que sirve de recepción al visitante, la integran tres espacios. Dos de ellos están destinados a salas de lectura (a derecha e izquierda) que suman 368 puestos. En la parte central hay una zona de exposición permanente, donde se muestran facsímiles de las obras más conocidas que atesora el fondo bibliotecario, como la Biblia de Gutenberg.
La segunda planta está dedicada a labores administrativas, con seis despachos, un archivo, una sala de reuniones y dos aulas de formación. En la tercera se dispone una sala de digitalización, una sala de investigación con 20 puestos y un taller de restauración, cuyo equipamiento ha sido costeado gracias a los fondos Feder obtenidos a través de concurrencia competitiva. Aquí podrán hacer prácticas los alumnos de Bellas Artes.
En esta planta superior se ubica la joya del recinto: el inmenso fondo bibliográfico, compuesto por 130.000 ejemplares. Lo integran 332 incunables; 1.217 manuscritos, en su mayor parte tratados y apuntes jurídicos y teológicos; 8.340 libros del siglo XVI; 68.840 ejemplares del XVII al XIX; y otros 10.000 de la pasada centuria. Dentro de este patrimonio hay que incluir las donaciones y legados entregados los dos últimos siglos, como las colecciones de Alejandro y Joaquín Guichot, Luis y Santiago Montoto, César Graña, Ramón Carande, Miguel Serrena, Nagakawa y Juan de Mata Carriazo, entre otros.
Una mudanza blindada
El traslado del fondo antiguo de la Universidad de Sevilla, formado por 917 volúmenes manuscritos, 330 incunables, 8.000 libros del siglo XVI y una amplia colección de los siglos XVIII y XIX, finalizó escasos días antes de la inauguración de la biblioteca tras dos meses y medio de trabajo a cargo de la empresa Ordax.
"Sólo tres personas conocíamos el protocolo de seguridad", reconoce José Manuel Ordax, CEO de la compañía encargada del traslado, en el que también participaron agentes de la Policía Nacional. "Son obras de gran valor y de difícil manipulación, que requieren custodia policial", explica. "Sólo la Biblia de Gutenberg es de un valor incalculable. Es un volumen único". La póliza de seguro de estos bienes durante el proceso era de 84 millones de euros, según indica Ordax. Y el coste de la mudanza, sacada a licitación pública, ha sido de 58.000 euros.
Los momentos más críticos y arriesgados de una mudanza de estas características son el embalaje y el desembalaje. En el caso de los ejemplares de mayor valor, los llamados incunables, se embalaron en un papel especial con productos neutros, sin posibilidad de corrosión. "Estas obras siempre se deben manipular con las dos manos. Son productos con más de 500 años", comenta José Manuel Ordax. Una vez envueltos en este papel especial, se colocaron dentro de unas planchas negras donde quedaron inmovilizados, para evitar las vibraciones, y se metieron en cajas de maderas climatizadas con unas condiciones especiales de humedad y temperatura. "Antes del traslado, las obras permanecieron 24 horas en las cajas para que se adecuaran a su nuevo entorno", señala Ordax. "Los libros son una materia viva", añade.
Durante el traslado de las obras, la empresa contó con escolta policial. Una vez descargados los ejemplares en las cámaras de seguridad de las nuevas instalaciones, permanecieron en sus cajas durante otras 72 horas para su aclimatación. "Una temperatura y una humedad inadecuada pueden provocar que el libro se resquebraje y se convierta en polvo en tus manos", subraya Ordax.
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