La vida después de...

Sorry, baby | Crítica

Naomi Ackie y Eva Victor en una imagen del filme.
Naomi Ackie y Eva Victor en una imagen del filme.

La ficha

**** 'Sorry, baby'. Drama, EEUU, 2025, 103 min. Dirección y guion: Eva Victor. Fotografía: Mia Cioffi Henry. Música: Rob Rusli. Intérpretes: Eva Victor, Naomi Ackie, Lucas Hedges, John Carroll Lynch, Louis Cancelmi, Kelly McCormack.   

En tiempos donde proliferan los panfletos #metoo y la condena sumarísima a todo el heteropatriarcado, películas como Sorry, baby, de la debutante Eva Victor, vienen a poner bastante inteligencia, complejidad y sensatez en el tratamiento de un asunto, el de los abusos sexuales (como prolongación del abuso de poder), por lo general abonado al sensacionalismo o al drama extremo y maniqueo.

Victor adopta una sabia estrategia narrativa no lineal para presentarnos a su protagonista un año después del asunto, a saber, compartiendo con su mejor amiga del campus universitario donde está emprendiendo su carrera como profesora de Literatura la intimidad y el afecto cuando esta la visita para pasar unos días juntas. Hasta entonces, la película parece discurrir por ese territorio conocido de la complicidad femenina, pero pronto aparecerán los síntomas de una herida aún sin cicatrizar.

Sorry, baby afronta entonces el tramo problemático y lo hace de manera ejemplar, dejando al espectador fuera del lugar de autos en un inteligente gesto cinematográfico que, paradójicamente, no trata de cuestionar los hechos sino de ponernos precisamente, y con la cámara acompañándola pacientemente, cerca de esa mujer y su paulatino proceso de desconcierto, asimilación, duda y gestión de los mismos.

A golpe de elipsis y montaje, Victor encuentra también en escenas aparentemente desconectadas del núcleo del drama, porque de eso se trata, de seguir adelante dejando incluso espacio para el humor y la comedia, las respuestas y soluciones para hacer salir del atolladero a su protagonista, a la que la propia directora presta su cuerpo desgarbado y su gracejo natural.

La visita médica, la entrevista con las gerentes universitarias, la escena de la selección del jurado, la confrontación con su competidora por la plaza de profesora, la conversación con un desconocido tras sufrir un ataque de ansiedad o sus torpes encuentros sexuales con el vecino, un hombre que representa la antítesis del prototipo abusador o violador, llevan su película a un terreno moral donde se abre paso el proceso interno de su protagonista como lo realmente importante, más allá de la denuncia, la corrección política, los protocolos equivocados o cualquier otra mirada o juicio exterior sobre un caso que, a la postre, es suyo y sólo suyo.   

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