Cultura

Los soviets en Oriente

Petróleo y sangre en Oriente de M. Essad Bey. Trad. Gustav Adler. Espuela de plata. Sevilla, 2015. 260 páginas. 20 euros

Escrito con posterioridad a Los siete pilares de la sabiduría de Lawrence de Arabia, esta novela de M. Essad Bey posee no obstante una vivacidad, un ritmo, una desenvoltura, muy próximos a la crónica periodística, que muy escasamente hallamos en la obra del oficial británico. Añadamos que Lawrence, como erudito eduardiano, aún buscaba en las arenas de Arabia los tipos acuñados por la literatura romántica, mientras que Bey, judío ruso criado en Bakú, era oriental él mismo, y distaba mucho de acudir a los conceptos que Occidente había acuñado para definir y tabular aquella tierra ignota.

Esto no quiere decir que Essad Bey (nacido al siglo en Kiev como Lev Nussimbaum) no filtre lo que ve según su propia mitología. El Oriente armenio, georgiano, persa y azerbayano que asoma a estas páginas tiene mucho de evocación nostálgica del aquel Oriente fabuloso del Gran Tamerlán y las Mil y una noches, así como de las legendarias ciudades del medievo: Samarcanda, Trebisonda, Damasco, Constantinopla, etcétera (la Embajada a Tamorlán, de Ruy González de Clavijo, relata el viaje realizado por este diplomático español muy a primeros del siglo XVI). En cualquier caso, la acción principal, trufada de estas antiguas ensoñaciones, queda muy lejos del esplendor palaciego de los viejos autócratas asiáticos. Se trata de la llegada a Bakú, a sus pozos petrolíferos, del ejército soviético y de la matanza de la población llevada a cabo por los armenios. A partir de ahí, el relato consigna la azarosa fuga un párvulo Essad Bey por las tierras linderas del mar Caspio, hasta llegar a Constantinopla y, finalmente, a Berlín. Una fuga, por otra parte, que el escritor protagoniza junto a su padre, negociante petrolífero, y que los editores relacionan oportunamente con El maestro Juan Martínez que estuvo allí, la novela de Chaves Nogales donde se narra la desmesurada barbarie que propició la guerra civil rusa.

Si la novela se corresponde íntegramente con lo sucedido, o Essad Bey noveliza y evoca, modifica y agranda cuanto atañe a su biografía, es algo que desconocemos. Aun así, carece de importancia. La Historia y la novela no tienen por qué coincidir. Basta con que la primera no ahogue las virtudes, evidentes en este caso, de la segunda.

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