Tito Ramírez: “La música une a gente que quizá no está de acuerdo en muchas cosas”
TITO RAMÍREZ | Músico
Tito Ramírez publica ‘Sonido conquistador’, un disco afrolatino grabado casi en directo en el que reivindica la máscara como libertad creativa, la pista de baile como acto político y el riesgo humano frente a la perfección digital
Lo presenta mañana en la sala Malandar, iniciando así la gira a la que el disco da nombre
Fahmi Alqhai: “Si Correa de Arauxo fuera de Leipzig, en vez de sevillano, sabrían de él en todo el mundo”
Detrás del antifaz y las gafas oscuras, Tito Ramírez, desde su Andalucía natal, se ha autoproclamado rey, príncipe y ahora conquistador, levantando un universo propio donde su mezcla de ritmos no funciona como simple ejercicio de nostalgia, sino como vehículo contemporáneo para hablar de deseo, poder, contradicción y resistencia. Al frente de su banda, Los Verdaderos Reales, y también desde su sello Discos Antifaz, Ramírez reivindica la máscara como libertad creativa y la pista de baile como territorio político. Con la reciente publicación de Sonido conquistador, un disco grabado prácticamente en directo y concebido como celebración del riesgo y de lo humano en tiempos de perfección digital, el artista abre una nueva etapa sin renunciar a su dualidad de santo y diablo. Lo presentará mañana en la sala Malandar de nuestra ciudad, donde inicia su nueva gira.
Pregunta.-¿Tito Ramírez es un personaje surgido de forma natural o lo diseñó usted?
Respuesta.-No es tanto un personaje como una proyección de mi propia personalidad. Es un escudo que utilizo para poder escribir canciones, tocar y expresar mis sentimientos sin sentir vergüenza.
P.-¿Esa proyección lo protege o lo expone más?
R.-No solo me protege, sino que es una forma también de darle un envoltorio al caramelo que es la música. Forma un todo con ella. Me han influido muchos artistas que cuidaban la parte visual de sus shows, como Pérez Prado o James Brown. En esa línea trabajo yo. Y luego está el antifaz, que me permite, cada vez que visito una ciudad, evitar que me localicen la gente a la que debo dinero o los hijos que no he reconocido (ríe).
P.-¿Hay algo que usted no pueda decir sin la máscara de Tito?
R.-Yo nunca he dicho cómo me llamo. Mi nombre es Tito Ramírez. Fíjese hasta qué punto llega la máscara. Las gafas y el antifaz protegen mucho la identidad. Incluso me ha pasado bajarme del escenario y que me pregunten qué tocaba yo en la banda o si yo era Tito, y decirles que no, señalando al trompetista. Han ido a preguntarle a él. Así que funciona.
Hay cierta tendencia a pensar que los ritmos tropicales son pura alegría. Pero también se cuentan penurias del barrio"
P.-¿Con Sonido conquistador se planteó en algún momento hacer un disco menos exuberante o el exceso forma parte inseparable de su identidad?
R.-La verdad es que a veces sí que me pongo un poco barroco. Me gusta la simplicidad, pero también cargar de elementos cuando dispongo de muchos músicos y los arreglos se pueden complicar más. Para este disco he contado con el apoyo de tres músicos adicionales, aparte del núcleo duro de Los Verdaderos Reales. Y eso me ha permitido multiplicar la cantidad de arreglos.
P.-El disco empieza con la canción A man wizz a plan, que, aunque ese wizz esté con una caligrafía diferente, sigue siendo Un hombre con un plan. ¿Cuál era exactamente el plan cuando empezó este disco?
R.-El plan era que el sonido fuese premeditadamente más afrocubano, más latino, y buscar conexión con la música hispana o andaluza, como el flamenco o la copla. Esa influencia hispana tiene impronta en la música afrocubana y, a su vez, la afrocubana ha influido aquí. Es la música de ida y vuelta. Véase el ejemplo de la habanera, que ya en Cádiz mismo se toma casi como autóctona. En mis discos anteriores el salto estilístico entre canciones era más evidente. En este quería centrarme en un sonido concreto, que no significa que se quede para siempre. El próximo será diferente.
P.-Escuchando el disco se nota que usted no es un revivalista tropical. Usa ritmos clásicos, mambo, boogaloo, latin soul, chachachá, cumbia, no para mirar atrás, sino para infiltrar emociones incómodas: deseo, poder, violencia, contradicción, en el espacio aparentemente inocente de la pista de baile…
R.-Hay cierta tendencia a pensar que los ritmos tropicales son pura alegría. Pero el flamenco, por ejemplo, puede ser una bulería, pero no es todo el rato divertido. Puedes bailarlo, cantarlo o llorarlo. En la música latina también se cuentan penurias del barrio o canciones tristes de amor. No es solo diversión y bailoteo.
P.-¿Qué le interesa más que haga ese sonido conquistador? ¿Provocar o seducir?
R.-El título de Sonido Conquistador viene siguiendo mi tradición de los dos discos anteriores, en la que voy acumulando títulos nobiliarios: The Kink of Mambo, con k, no con la g de Rey; El Prince, porque sigo siendo el eterno aspirante al trono, que nunca tendré. Y ahora enlaza con Sonido Conquistador, que alude más a conquistar tu corazón y tu alma, porque en el fondo no nos gusta ese significado imperialista o colonizador. Es una metáfora sobre que me interesa más seducir.
P.-Las sirenas grabadas durante los disturbios en Ciudad de México que suenan al principio le dan al disco un aire de crónica sonora. ¿Le interesa que el disco también funcione como documento político? Emma Goldman decía: “No es mi revolución si no puedo bailar”. ¿Cree que la fiesta puede ser un acto político?
R.-Desde luego que puede serlo. La cultura sonidera, por ejemplo, se apodera de la calle y reivindica el espacio público para montar una actividad conjunto de pueblos. En algunos sitios eso se prohíbe o se persigue. En España a veces son perseguidos ciertos locales que no siguen la línea más normalista, con la intención de que acaben desistiendo en esas disidencias sonoras y en pos de que venga otro empresario más amigo y coloque ahí su intrascendente bar de copas. Ya el hecho de reunirse a bailar es un acto de resistencia y de unión. La música junta a gente que quizá no está de acuerdo en muchas cosas.
P.-¿Le preocupa que esa lectura social, política, opaque lo festivo?
R.-No, la vida es todo eso, conflicto, diversión, amor, desamor. Cantar sobre sentimientos dolorosos puede ser catártico. El disco es un reflejo de la vida.
Cantar sobre sentimientos dolorosos puede ser catártico"
P.-Ha grabado el disco prácticamente en directo, con mínimas correcciones ¿Qué pierde una canción cuando se perfecciona demasiado?
R.-Grabar toda la banda a la vez hace que todos escuchen el sentimiento y la impronta que la canción está tomando y no tengan que imaginar cómo va a quedar. El fallo de uno es el fallo de todos, y eso genera una tensión y una emoción distintas a cuando se graba pista a pista. A veces un pequeño error se convierte en un arreglo con carácter. En tiempos de inteligencia artificial y perfección extrema, lo humano se revaloriza.
P.-Claro. Por eso en esta época de edición infinita, grabarlo así no es nostalgia, es reivindicación del riesgo. ¿Ese riesgo fue económico, artístico o emocional?
R.-Sobre todo económico. Grabamos seis canciones todos a la vez. Si ese día salía mal, tenía un problema, porque algunos músicos contratados se iban, tenía el estudio reservado para ese día concreto. Pero estaba dispuesto a asumirlo e iba a luchar por la idea hasta el final. Si había que morir, se moría.
P.-En la canción Santitos y diablitos no hay pureza. Hay negociación constante entre luz y sombra. ¿Quién gana en su universo, los santitos o los diablitos?
R.-No es fácil distinguir quién es santo y quién diablo. A veces son la misma persona, a veces los diablitos no son tan diablitos ni los santitos son tan santitos. Cuando pongo velas, se las pongo a Dios y al diablo, así acierto seguro. Todos compartimos esa dualidad; el reflejo de que a veces, por muy diferentes que parezcan, hay ciertas cosas que nos unen y son comunes; nos hacen humanos, como puede ser la música del chachachá que tiene esta canción, que a todo el mundo le gusta.
P.-Los santos y diablos de los que habla usted, ¿los encuentra más en las tentaciones personales o en las dinámicas de la industria?
R.-Santos y diablos los encuentras en todas las índoles de esta sociedad. Diablos pueden ser todos, un policía, un fontanero que quiere robarte. Depende de la propia persona ser santo o diablo, y también depende del momento. Personas que pueden ser muy santas tienen momentos en que se convierten en diablos. Hay que tener en cuenta esa dualidad del ser humano.
Necesitamos gente con empatía, con eso ya no harían falta héroes"
P.-En Tu devilidad (con v) vuelve a aparecer el diablo. En ningún momento de la canción lo identificamos de forma reconocible, aunque podemos asumir que es una mujer. ¿Es una persona concreta o la metáfora de un vicio, de una debilidad, con b?
R.-Cuando escribo canciones me gusta que el significado sea abierto y que pueda encajar en la situación de cada uno. Es interesante porque así el oyente le da el significado que mejor le encaja a su momento de vida. Aquí, como bien dice usted, podía estar hablando de una mujer, como podía estar hablando de una debilidad en la que no quieres caer; pero reconoces que es tu debilidad y en el fondo no puedes evitar desearla.
P.-¿Hay algo de autobiográfico en ese Príncipe de la Tiniebla del disco?
R.-Por supuesto. Yo soy el Príncipe de la Tiniebla. Es un nuevo título nobiliario para mi colección. En la canción me presento como alguien que puede ser tu príncipe, y luego, en el estribillo, digo que puedo ser tu príncipe de la tiniebla. A veces algo que parece bueno se tuerce.
P.-Me interesa esa dualidad de príncipe bueno y malo. ¿El público necesita que le den héroes o disfruta más de los personajes turbios?
R.-Creo que vivimos en un mundo donde hacen falta ejemplos de gente que se convierta un poco en héroe, que puede ser con un sencillo acto de solidaridad. Necesitamos gente con empatía, con eso ya no harían falta héroes. Pero, desde luego, sí que vivimos un momento de turbiedad.
P.-Abre su gira en Sevilla. ¿Qué nos trae, aparte del disco nuevo, que apenas llega a los 39 minutos?
R.-Traeremos nuestras canciones clásicas, incluso alguna canción que nunca ha sido grabada. La gente verá un show diferente a los que hemos estado desarrollando en las anteriores giras; va a haber canciones nuevas y diferentes guiños. Procuraremos también que durante la gira no todos los conciertos sean iguales; cambiar cosas para que quien repita no vea lo mismo.
P.-Su banda de Los Verdaderos Reales es toda una orquesta: guitarra y bajo, trompeta y saxo barítono, batería y percusión, piano… ¿Vienen todos a Sevilla?
R.-Sí, totalmente. Seguimos con el núcleo duro de Los Verdaderos Reales, los que yo llamo los auténticos verdaderos reales. Y es una formación que ya se ha consolidado. Algunos de ellos llevan conmigo desde que empecé. Otros han venido después, pero parece que ya hemos estabilizado un grupo bastante recio y estamos todos en el mismo barco.
P.-¿Improvisan según el público o llevan un ritual cerrado?
R.-Evidentemente, el feedback del público es muy importante a la hora de cómo se desarrolla un show. Si el público es más caliente y más receptivo, el músico te va a dar más. Si el público es más frío y el músico, aunque lo intenta, no siente el calor del público, pues el show se va a ver un poco reducido. El show es como un baile de dos. A nosotros, en general, todos los públicos nos reciben con muy buen calor y eso lo percibimos y lo damos todo.
P.-¿Le interesa más convencer al público del concierto o provocarlo?
R.-Sobre todo, someterlos a mi dictadura del boogaloo. Someterlos a mis ritmos, que entren en trance y que salgan del concierto con una experiencia a recordar; que quieran seguir investigando en este estilo musical. Que quieran repetir.
El arte humano se relega frente a números y fórmulas fáciles"
P.-Ha producido a nuevos artistas desde su sello de Discos Antifaz. ¿Busca en otros artistas algo que quizá echa en falta en usted mismo?
R.-Al revés, busco artistas que den lo que yo doy. Nuestra premisa es que sean discos orientados a la pista de baile, que un DJ pueda poner y la gente baile. Al menos una de las caras en los singles tiene que ser así. También damos la posibilidad de publicar música ocultando identidades, como hice yo al principio. Así solo juzgas la canción, sin saber si quien canta es hombre, mujer, blanco o negro. Eso elimina prejuicios, porque a veces esa misma canción, si la ha grabado un chico de Albacete, te parece que es menor que si la ha grabado alguien de fuera. Eliminar esa información, quitar ese filtro, hace que la música sea lo único a lo que agarrarte para juzgarla. También hemos publicado gente de la que sabemos perfectamente su identidad porque la calidad de su música nos parece bien. Nos interesa sacar gente con talento y que no está teniendo la atención que merecen; nosotros tratamos de rescatarlos para que el mundo los conozca y puedan sacar la cabeza.
P.-No parece muy contento con el momento cultural actual. ¿Qué le incomoda más de él?
R.-Lo mismo que me molesta del mundo en general, donde el dinero y el beneficio priman sobre cualquier cosa. Antes las multinacionales tampoco eran casas de caridad, pero buscaban talento, aunque fuera para explotarlo. Hoy vemos playlists configuradas incluso con música hecha por inteligencia artificial. El arte humano se relega frente a números y fórmulas fáciles. Está sucediendo en la música, también sucede en otros ámbitos. Cuesta trabajo moverte en un mundo donde la radio oficial es Spotify y no siempre se hacen bien las cosas. Pero siempre hay un grupo de resistencia de artistas y creadores reales que están fuera de ese círculo y ese talento que es palpable permite que muchos de ellos acaben incontestablemente entrando en circuitos más grandes porque su talento es evidente.
P.-Y usted es uno de esos artistas. Incluso de proyección internacional.
R.-Hemos estado tocando en México y el proyecto tiene recorrido fuera. A veces parece que aquí necesitas que te validen desde fuera para que te tomen en serio. Pero bueno, nosotros seguiremos conquistando corazones donde nos dejen tocar.
También te puede interesar