La valentía de Pepi Sánchez
Tanto su infatigable dedicación a la pintura como su técnica, cuidada y limpia, justificarían la actual muestra de Pepi Sánchez (Sevilla, 1929 - Madrid, 2012) pero hay aún otra razón: el aire fresco que trajo su quehacer a la Sevilla de los años 50. Obras como Vírgenes fatuas o Muchacha con cinturón azul confirman la opinión del periodista y crítico José María Moreno Galván, quien, en 1954, con ocasión de la muestra individual que realizó la autora en Madrid, afirmaba que su obra cuestionaba el tradicionalismo que compartían quienes desde la Escuela de Bellas Artes y la Academia, el Museo y la Universidad, imponían sus criterios en la ciudad. Lo mismo afirmaba María Lafitte, que perteneció a aquella Academia Breve de Crítica de Arte, con la que Eugenio D'Ors intentó revitalizar el erial cultural de la posguerra franquista.
No fue sólo su obra. Con las discusiones que mantenía con otros compañeros, Pepi Sánchez sembró inquietudes en autores más jóvenes que asistían a aquellas animadas tertulias.
Más tarde Pepi Sánchez insistirá en una pintura que une fantasía y ornamentación a una fina inspiración de ilustradora. Sin restar méritos a esta faceta de su obra, la frescura de formas y ejecución directa de sus primeros trabajos y la valiente renovación que encerraban bastan para recordar a una artista que no cesó de trabajar e inventar a lo largo de su vida.
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