Cultura

La vida: instrucciones de uso

  • 'Documentum'. Sara Herrera Peralta. Premio Carmen Conde de Poesía. Torremozas, Madrid, 2014. 72 páginas. 10 euros.

Todo cuanto nos conforma: aquellos que llamamos hogar, las intuiciones que marcan lo que decidimos, los tropiezos ante lo que no queda otra opción que -incluso heridos- volver a incorporarse... Con tan delicada materia ha levantado la jerezana Sara Herrera Peralta Documentum, un poemario que el lector aborda como un encuentro y un recuento de sus ejes habituales: la geografía como reflexión de lo físico y de lo emocional, la memoria equivaliendo a la conciencia, o la definición de la identidad propia en base a las circunstancias de la autora y el camino que traza entre lo escrito y lo vivido.

Entre ellas se cuentan, claro, la emigración y la precariedad de su generación o, de forma intensa, la condición feminista, brillando en poemas como La felicidad o Preguntas: "Preguntas que me hicieron en una entrevista de trabajo:// ¿Edad?/ ¿Casada o soltera?/ ¿Tiene hijos o alguien a su cargo?". A este último aspecto se liga uno de los grandes aciertos de Documentum: el espacio doméstico -casa o no: allí donde se cobije la familia- se reivindica como trinchera política. Documentum -la ilustración "acerca de algún hecho", la "instrucción", también el "aviso y consejo para apartarle de obrar mal"- aborda "la historia de un fracaso" en un libro que se aferra en su inicio a la oscuridad y al largo aliento, y que conforme avanza, y conoce, aclara y adelgaza su expresión, recorre hasta lo cotidiano -el "banco y sus proveedores", la encimera y el cuchillo para trocear el pescado- que se siente universal.

Porque aunque sus temas indiquen gravedad -planean por Documentum la enfermedad y la muerte, el dolor, la mentira y la decepción, la indefensión: "no guardo secretos/ para el enemigo"-, Sara Herrera Peralta se mira siempre en el espejo de Wislawa Szymborska, la coordenada más evidente de este libro. De ella hereda el gusto por la ironía ("Rezaron por mí mis abuelas.// Alguien olvidó devolver/ las llaves de la iglesia"), el optimismo frente a la catástrofe -esa promesa de la felicidad como venganza con la que, circular, se enhebran el principio y el final del libro- y un discurso consecuentemente luminoso. No busca la moraleja Documentum, pero su último verso golpea y al mismo tiempo sirve y reconforta: "mi venganza, ahora, será vivir".

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