Análisis

Roberto Pareja

Caras de velocidad

Sánchez está enganchado al avión oficial y el coche de Casado acumula multas

A los políticos se les pone cara de velocidad por definición, particularmente en los debates electorales, como la de Pedro Sánchez cuando llamó indecente a Mariano Rajoy en un cara a cara en vísperas de las generales de diciembre de 2015. Al ex presidente le va la marcha. No la que deriva en ataraxia inducida por diversas vías, que también (no hay más que ver cómo se apoderó de él un espíritu epicúreo para ahogar las penas a golpe de pedal tras el de la moción de censura), sino la deportiva, con sus carreras de fondo tanto a a pie como en su bicicleta estática del procés con la que fabricó a toda velocidad independentistas, que han pasado del 20 al 50% en diez años.  A estas alturas, Sánchez tiene ya muchas más horas de vuelo que cuando era un simple aspirante a presidente. Tras el cambio de colchón en Moncloa, el jefe del Ejecutivo ya ha interiorizado que a éste, a él, le conviene mucho menos que al jefe de la oposición un cara a cara en el que tendría poco que ganar y mucho que perder.

El candidato popular da la sensación de menguar de forma inversamente proporcional a la estirada y faltona palabrería que se gasta sin ahorrarse el terrorismo como arma arrojadiza. A Casado también se le pone cara de velocidad con tanto apretar el acelerador para que no se le escapen definitivamente sus votantes más extremos, ésos que ven en Vox un camino más directo a su rancia meta de un país sin feministas, pocos inmigrantes, cero autonomías y (si me apuran) sin tanto progre. “Yo soy muy fan del motor. No solo de las carreras y de conducir, sino de revistas. Soy el típico que se compra cinco o seis revistas de coches todas las semanas”, afirmó el presidente del PP en julio de 2018. “Soy un enamorado de todo lo que es gasolina”. Cierto, incluso no le importa echarla al fuego, véanse el procés o el salario mínimo. Una pasión que le costó una sanción (4 puntos y 200 euros por saltarse un semáforo rojo) en 2013. Conducía un  Audi. El mismo que fue multado en siete ocasiones en 2014, seis en Madrid y una en Valladolid. Cuatro por pulverizar  los límites de velocidad y tres por sanciones de aparcamiento. El valor seguro no lo parece sobre el asfalto.

A Sánchez también se le pone cara de velociad con tanto vuelo con el Falcón y el resto de aviones oficiales (los utiliza el triple  que Rajoy) y el PP está explotando el filón a conciencia. La excusa del “interés nacional” que alega el Gobierno para que, por ejemplo, el jefe llegue volando y sin arrugarse el traje de presidente (en el que está imbuido por informal que resulte a simple vista) al Festival de Benicassim escupe serias dudas sobre qué es más grande: la velocidad del Falcon o la cara de Sánchez.

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