Crónica Personal

Preparados para las elecciones

Las expectativas para que se produzca un acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos son tan escasas que los partidos tienen la maquinaria electoral preparada para el 10 de noviembre.

La portavoz del grupo socialista en el Congreso, Adriana Lastra, atiende a la prensa tras la reunión el jueves con el equipo negociador de Podemos. La portavoz del grupo socialista en el Congreso, Adriana Lastra, atiende a la prensa tras la reunión el jueves con el equipo negociador de Podemos.

La portavoz del grupo socialista en el Congreso, Adriana Lastra, atiende a la prensa tras la reunión el jueves con el equipo negociador de Podemos. / Kiko Huesca (Efe)

Seguirán negociando, lo ha dicho abiertamente la secretaria de organización del PSOE, Adriana Lastra, tras finalizar la reunión con Unidas Podemos (UP) que resultó un rotundo fracaso, pues no hubo la menor posibilidad de avance.

La delegación socialista –Calvo, Lastra y Montero– se limitó a explicar los 370 puntos de su propuesta de programa común, se quejaba Idoia Belarra, que junto a Echenique y representantes de los partidos socios de UP, formaba parte de la delegación podemita. Seguirán negociando pero las expectativas para que se produzca un acuerdo entre PSOE y UP son tan escasas, que los dos partidos, más los otros tres partidos nacionales, PP, Ciudadanos y Vox, tienen la maquinaria electoral preparada por si el 10 de noviembre se abren las urnas. Sólo un milagro impedirá la convocatoria electoral, afirmaba un miembro de la dirección del PSOE que no forma parte de la delegación negociadora pero está al tanto de lo que sucedió durante las casi cinco horas de reunión entre PSOE y Podemos la tarde-noche del jueves.

El problema principal es el conocido desde hace meses: Pablo Iglesias se niega a cualquier acuerdo que no pase por una coalición y Pedro Sánchez no sólo se niega a la coalición sino que va más lejos y se niega también a aceptar los votos de Podemos para la investidura para, a continuación, pasar el partido de Iglesias a la oposición.

Sabe Sánchez perfectamente que esa situación provocaría una inestabilidad total en el nuevo Gobierno, atado de pies y manos por una soledad que le impediría sacar adelante cualquier iniciativa parlamentaria. Y son muy importantes las que tiene ese nuevo Gobierno por delante: desde la aprobación de los Presupuestos –objetivo inaplazable, pues Sánchez sigue gobernando con los de Rajoy– hasta la respuesta que hay que dar ante la sentencia judicial del Tribunal Supremo sobre los dirigentes independentistas catalanes, que se supone condenatoria y que provocará una reacción desaforada de los que insisten en la escisión de Cataluña del resto de España o, como fórmula menos drástica, la celebración de un referéndum, propuesta absolutamente inconstitucional que, sin embargo, cuenta con el respaldo de Podemos y de sus confluencias.

Es tan evidente que Sánchez ha asumido que habrá elecciones que ni siquiera ha encabezado las negociaciones con Podemos: no hace el menor esfuerzo por tratar de convencer a Iglesias, lo que demuestra no sólo que ya piensa en clave electoral sino que está convencido de que es la única salida. Incluso la que le conviene, pues los datos que maneja –los mismos que maneja el PP– indican que el PSOE subirá a costa de Podemos y, en menor grado, de votos procedentes de Ciudadanos, lo que significa que el bloque de izquierdas tendría poco más que el actual número de escaños aunque con más presencia socialista, y que el PP crecerá a costa de Vox y Ciudadanos, lo que tampoco dará mucha mayor representación parlamentaria a la suma de los escaños de centro derecha.

Sánchez piensa que en ese escenario sería ya posible un acuerdo con Ciudadanos, hoy imposible por las diferencias personales entre los líderes de las dos formaciones. Pero tras nueve meses de bloqueo, cree el presidente en funciones que Albert Rivera reconsideraría su posición actual porque el empecinamiento en no gobernar con Sánchez está provocando una fuga importante de votos de su partido y el abandono de algunos de sus dirigentes más destacados. El último, Javier Nart, que hace unas semanas renunció a su puesto en la ejecutiva y ahora a la militancia, aunque conservará como independiente su escaño de eurodiputado.

Iglesias, cuestionado

Ese escenario dificulta las negociaciones entre Podemos y PSOE porque los socialistas se sienten con ventaja y no tienen la menor intención de poner en riesgo su situación con un acuerdo que les debilite; pero no quieren aparecer como destructores del bloque de izquierdas y por eso mantienen una actitud negociadora que en Podemos consideran absolutamente falsa, porque lo que ofrecen a esa formación es algo que Iglesias ha considerado abiertamente "humillante" y que el PSOE sabe perfectamente que Podemos en ningún caso está dispuesto a aceptar. No ya cargos en la mesa del Consejo de Ministros, sino que tampoco los tendrían en el segundo nivel en distintos ministerios, sino en instituciones ajenas al Gobierno… y no en las presidencias o dirección. Esta última oferta ha sido recibido en Podemos como la prueba inequívoca de que los socialistas no quieren ningún tipo de pacto. Pero también ha provocado un sentimiento que no favorece a Pablo Iglesias: miembros destacados de su partido admiten ya abiertamente que su líder se ha equivocado de lleno en su estrategia negociadora con el PSOE al negarse antes del verano a aceptar una vicepresidencia y tres ministerios. Si a eso se suma que en los dos últimos años se han producido importantes deserciones en Podemos, es fácil llegar a la conclusión de que Iglesias no atraviesa la mejor de las posiciones en el partido que fundó con media docena de amigos de los que no queda ninguno en sus filas.

En este escenario previo al 23 de septiembre que obligaría a convocar elecciones si no hay Gobierno se comprende que los cinco partidos nacionales estén preparando la estructura electoral. Sobre todo PSOE y PP, que son los que más se juegan porque todos los sondeos coinciden en que tienen todas las de ganar, hasta el punto de que en Ciudadanos ya nadie menciona la palabra sorpasso, se conformarían con repetir el resultado anterior, que fue muy bueno aunque no consiguieron su objetivo de superar al PP en número de escaños. Vox reitera que manejan datos muy positivos, pero es evidente que ha desaparecido la euforia que se vivió en las semanas previas a las elecciones de abril, cuando infinidad de votantes del PP presumían de que votarían al partido de Abascal. Hoy, un alto porcentaje de esos votos regresarán al PP, más que por entusiasmo hacia el nuevo equipo de Pablo Casado, por la convicción de que efectivamente el voto útil, el que puede desalojar a Sánchez de Moncloa, es el del PP.

La precariedad del PP

Pablo Casado no cuenta con los medios económicos para una campaña electoral masiva recorriendo España de arriba a abajo haciendo mítines en espacios de gran cabida. En la última reunión con la dirección ya se dio un repaso a las cuentas del partido, cuyas arcas se encuentran desabastecidas hasta el punto de que han tenido que hacer un ERE por la imposibilidad de pagar las nóminas.

La campaña del PP, si se va a las urnas el 10-N, será de bajo tono. Mucho coche y mucho encuentro con ciudadanos a pie de calle, y abiertos los candidatos a cuantas entrevistas les propongan los medios de comunicación.

El PSOE está tan convencido de que habrá elecciones que han contactado ya con agencias de publicidad –lo aseguran fuentes del sector– e incluso han barajado varios lemas, entre ellos los que giran en torno a la palabra "avance". UP, como siempre, pondrá todo el peso en las redes sociales. Por cumplir con su bandera de la paternidad compartida en igualdad de condiciones que su mujer, la presencia de Iglesias será menos exhaustiva que en ocasiones anteriores. Tendrán gran protagonismo las "nuevas mujeres" de Podemos, son mucha presencia mediática, para bien, en los últimos meses, sobre todo Noelia Vera e Idoa Belarra.

Será también una campaña muy femenina en la restantes formaciones políticas, que pasarán a primer plano a algunas de sus mujeres con más poder y mayor "gancho" electoral: Carmen Calvo y Adriana Lastra en el PSOE, Cayetana Álvarez de Toledo en el PP, Inés Arrimadas en Ciudadanos y Rocío Monasterio en Vox.

Todo está listo a la espera de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias decidan sobre el futuro inmediato. Pero, de momento, hoy por hoy todo gira en torno a un escenario electoral.

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