Sueños esféricos

Juan Antonio Solís

Rafael Nadal Parera

Pedro Sánchez le pediría al genio de la lámpara, sin dudarlo, un Roland Garros mensual

25 de noviembre 2019 - 02:35

El vacío que va a dejar entre los españoles Rafael Nadal Parera cuando deje de jugar al tenis va a ser similar al que abra Leo Messi en el corazón del barcelonismo cuando cuelgue las botas. Y créanme que llegarán esos días, aunque a veces parezca que estos deportistas ganen hasta al mismísimo tiempo y sólo puedan ser vulnerables a alguna kriptonita aún desconocida.

En la XXXIX Copa Sevilla, septiembre de 2001, este diario publicó un interesantísimo reportaje, con la firma de Juan de la Huerga, sobre un chaval que participaba en ese torneo Challenger con sólo 15 años de edad. "Tras la estela de Moyà", tituló. Y el insolente zurdo del ceño fruncido no se conformó con participar. Fue capaz, incluso, de ganar la primera ronda en su estreno en el Tenis Betis.

Desde entonces, en el diario hemos ido glosando el estratosférico vuelo -tres años después de presentarse en Sevilla volvió para ganar su primera Copa Davis en la Cartuja- de alguien que, para nosotros, se ha convertido en una especialidad, en sí misma, dentro de la sección de Deportes. Fútbol, baloncesto, natación, Juegos Olímpicos, tenis. Y Nadal. Porque a Nadal lo ven jugar españolitos que luego no ven un partido de tenis con otros dos protagonistas ni aunque se lo recete el médico. Y hay más que botellines en esta cofradía.

Nadal es un torrente de españolidad tal, que hasta quienes identifican lo rojigualda con "lo facha", que aún los hay, olvidan ese pudor hacia los colores nacionales cuando este Guerrero del Antifaz empuña la raqueta y va tumbando sarracenos, franceses o canadienses. Si usted se indigna por nuestro panorama político, por la clamorosa indefensión de los jóvenes que se lanzan a la piscina vacía del mercado de trabajo o por el indignante acceso a una vivienda digna a un precio digno, recuerde que ahí está Nadal para sumergirle en un universo paralelo y reconfortante. Si a Pedro Sánchez se le aparece el genio de la lámpara, se pide sin pensarlo que Roland Garros sea mensual.

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