La ventana
Luis Carlos Peris
Pistoletazo con música
Como Guillermo Fesser, que era el tipo que se bajaba del helicóptero del Tulipán, el mantecoso jurado de Masterchef emuló al de la margarina aterrizando así en pleno casting. Me gusta el olor del napalm por la mañana, parecía proclamar el estrellado Jordi Cruz, a quien no le importaría emular a Kilroy con el torso al aire.
El talent culinario de La 1 se sostiene tan bien por el trío cocinero, personaje en sí mismo y personajes por separado, que igual dan caña como frotan con champú, según el humor y el momento con los aspirantes. Es natural que alguno les salga respondón, el conflicto es la mejor manera de poner el sello a los concursantes cuando están en proceso de familiarización con la audiencia. También está el rasgo de la efusividad, como Loli. En estas primeras cribas Masterchef va soltando lastre sin prisas. En cada edición siempre tenemos la impresión de encontrarnos ante un saco de mantas pero poco a poco irá quedando la espuma arriba del caldo.
Cada Masterchef tendría que durar como mucho hora y media, en lugar del atracón hasta las tantas al que sigue obligando RTVE. Con menor duración sería más digerible este docudrama de sofritos que mantiene su chicha por el jurado y por la embarazada Eva González, que se dará de baja en unas semanas aunque haya dado a luz meses atrás. Estas temporadas tan recocidas son como estrellas: nos llega su emisión mucho después de su tiempo real.
En unos días comenzará el trabajo del siguiente Masterchef Celebrity. Sólo por la presencia de Mario Vaquerizo, por sí mismo, merecerá el vistazo aunque ahora mismo dudamos de las dotes de supervivencia del marido de Olvi.
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