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Coincidiendo con el desplome del dólar en los meses de julio y agosto de 2020, instituciones financieras como Goldman Sachs afirman que estamos asistiendo al próximo ocaso del dólar como moneda de reserva mundial. Afirmación muy cuestionable. El anuncio de la muerte del dólar como moneda hegemónica se viene haciendo desde hace décadas .

Las oscilaciones del dólar en los últimos meses tienen su explicación. En el inicio de la pandemia, mes de marzo, el dólar tuvo una fuerte apreciación. El dólar actuó cómo activo refugio para los inversores. Es a partir del mes de mayo cuando se inicia el desplome del dólar. Varias son las causas. En primer lugar, las cantidades ingentes de liquidez en dólares inyectadas por la Reserva Federal a través de líneas swaps con otros bancos centrales, y los bajos tipos de interés. Por otra parte, la fuerte expansión del gasto público, el déficit, la deuda pública y las expectativas de futura inflación generadas.También, en la mala gestión sanitaria, el espectacular desplome del PIB en el segundo trimestre y la falta de confianza en Trump.

Es en el largo plazo donde se juega la posición del dólar como moneda mundial. Para que una moneda puede actuar como activo de reserva mundial se necesitan cuatro requisitos: tamaño, estabilidad, liquidez y seguridad. En un escenario en el que la deuda pública de EEUU siguiera acumulándose sin control, las expectativas de inflación se disparasen y la balanza en cuenta corriente alcanzase déficits insostenibles, el monopolio del dólar estaría en peligro. Si el movimiento de aislamiento internacional y las relaciones con sus socios continuán deteriorándose, el dólar estaría avanzando hacia una pérdida progresiva de su hegemonía mundial.

El problema es que ninguna moneda puede tomar el relevo del dólar. El euro está a años luz de las condiciones necesarias para relevar al dólar. Europa es una suma de estados que avanzan con dificultad hacia su integración financiera y fiscal, sin que todavía exista un mercado de eurobonos. China avanza económica, financiera y tecnológicamente hacia la posición de relevo del dolar, pero la distancia a recorrer es muy grande. A corto plazo no hay una alternativa. Esto no quiere decir que los países desarrollados permanezcan con los pies atados. Las agresivas y poco amistosas políticas de Trump han acelerado un movimiento internacional de sus socios y competidores de diversificación de las reservas de divisas de sus bancos centrales y también de sus transacciones comerciales y financieras. Trump no es fiable ni para sus socios ,ni para sus competidores.

El mundo avanza hacía un sistema financiero mundial soportado por varias divisas por éste orden de relevancia : dólar , renminbi y euro. No es la primera vez en la historia que conviven varias monedas compartiendo la hegemonía mundial. Lo hicieron la libra y el dólar en las décadas de los 20 y 30, y también el franco francés y el marco alemán antes de la Primera Guerra mundial. El hundimiento del dólar como moneda hegemónica mundial, sin posibilidad de relevo, no le interesa a nadie, ya que sería una catástrofe de liquidez mundial como nunca hemos conocido.

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