Visto y Oído

Antonio Sempere

En pesetas

31 de enero 2017 - 02:43

Si la patria es la infancia, yo no soy un niño del universo de los álbumes de cromos de futbolistas, sino un atípico abonado al Teleprograma. La publicación nació en 1966, prácticamente cuando empecé a leer, y tanto a finales de los sesenta como en los primeros setenta, mi Biblia, como la llamo con cariño, costaba 5 pesetas. Sin duda que ese era el duro mejor empleado para mis adentros de todo el presupuesto familiar. A través de sus páginas, me adentraba en lo que estaba por llegar. Por aquel entonces era el único medio a través del cual podíamos conocer la parrilla con antelación (a excepción de la propia revista de TVE, Tele Radio).

Desde la semana pasada el popular TP cuesta 1,60 euros. Que no son 160 pesetas, no, sino 265,5 pesetas. Es decir, la cantidad resultante de multiplicar 5 por 52. Claro, que peor es lo ocurrido con su filial Supertele, que ha pasado a costar 1'90 (315,4 pesetas). Si no recuerdo mal, mi padre, que era el único que traía ingresos a casa, ganaba durante el final de mi EGB poco más de 50.000 pesetas, que se convirtieron en algo más de 120.000 a las puertas de su jubilación, traducidas finalmente en una pensión de mileurista raspado una vez que llegó la conversión a esta moneda.

Es decir, que mientras el TP y la luz y el agua y muchos alimentos han multiplicado su precio hasta 52 veces, el sueldo de mi padre (recordemos que mil euros son 166.000 pesetas), ni una más, apenas se ha multiplicado desde finales de los setenta solamente por tres. Cuando con el recibo de la luz le cargan 90 euros, le recuerdo que le están cargando 14.590 pesetas como quien no quiere la cosa. Y así todo lo demás.

Creo que el retorno a las pesetas sería la única manera de que, siquiera por vergüenza torera, bajasen los precios en nuestro país.

Hasta del entrañable Teleprograma.

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