La Ventana
Luis Carlos Peris
Debut rico en dudas
última cita antes de la final del miércoles en un lugar de Polonia y bien podría considerarse este compromiso con el Valencia como especie de ensayo general con todo. ¿Con todo o con casi todo? He ahí la cuestión y será que Manuel Pellegrini, el gran chamán bético, haga lo que crea más conveniente sin que nadie ose discutirle algo. Ensayo con todo o con casi todo es la cuestión, pero se pleitea por poco cuando el tiempo cabalga.
Este partido de hoy con el Valencia tiene muchas teclas y bajo todas ellas subyace lo del 28-M en Breslavia. Ítem más, que en Valencia se produjo el tropiezo más sonrojante del curso, o uno de los más sonrojantes, que lo de Valladolid tuvo tomate, una barbaridad de tomate. Aquel póquer de goles encajados en sólo diez minutos ante el entonces cadavérico Valencia de Baraja tuvo mucho de punto de inflexión en el largo trayecto liguero y eso no debe olvidarse en el Betis.
Borrar aquella afrenta es uno de los motivos para un estado de ánimo que impulse a la victoria. Dicho lo cual no conviene echar en saco roto la meta de pasar de los sesenta puntos, pues si con el empate se llega a esa bonita cifra, venciendo se superaría la mejor puntuación lograda con Pellegrini. Motivos más que suficientes para que la escuadra verde, blanca y verde afronte este duelo con los ché con la guardia alta y, si me apuran, también con el cuchillo en la boca.
Todo esto está muy bien, pero ¿cómo olvidar lo del 28-M? Resulta asaz complicado pasar de puntillas sobre ese asunto y ahí es cuando surge la disyuntiva más influyente en estos días de vísperas imparables. ¿Competitividad o cautela? ¿Al abordaje a bayoneta calada o mírame y no me toques? Particularmente apostaría por ir con todo y a por todo, pero que sea Pellegrini, ese hombre sabio, el que ordene si zafarrancho o retirada, seguro estoy de que no se equivoca.
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