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PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Antonio Barrero

LA vida y la muerte de los mejores catedráticos de la universidad sigue pasando sin pena ni gloria en la actividad institucional de la ciudad, en el runrún de la opinión pública, en el panorama mediático. En 2010 se le sigue prestando mucha más atención y cariño a quien es un conocido que a quien es importante. Me alegro por los familiares de los primeros y lo lamento por todos los segundos. Autoridades, políticos, barandas y periodistas comparten el defecto.

Ha fallecido Antonio Barrero Ripoll. Figura señera de la Escuela Superior de Ingenieros. Referencia internacional en la mecánica de fluidos y en la nanotecnología. Autor de una bibliografía clarividente publicada en español o en inglés. Generador de riqueza gracias a las patentes logradas con su equipo de investigación (junto a otros ingenieros de primera como Alfonso Miguel Gañán e Ignacio González Loscertales). Nos puede dar una insolación esperando que, para realzar su talla científica y su aportación a la vida de la ciudad, se hagan públicas notas de condolencia de su universidad, de su facultad, del Ayuntamiento, de la Consejería de Innovación, de la UNIA y la Olavide, de la Real Academia de Ciencias, de la Corporación Tecnológica de Andalucía. Al silencio de la ignorancia se le une el de la indiferencia.

No se quejen a destiempo de que folclóricas, cofrades y toreros tengan más repercusión en su vida y en su muerte, sean muy buenos o simplemente cumplidores. Darle su sitio a la cultura emprendedora, o se convierte en una prioridad diaria o es un florero. Ha muerto Antonio Barrero, tenaz pionero en la investigación de materiales para la industria aeronáutica, de la que tanto presumen los que no tienen ni puñetera idea pero viven de ella en cargos repartidos por cuotas de partido. Es un imperativo moral glosar al creador de, por ejemplo, un dispositivo para la generación de nanoemulsiones vía electrohidrodinámica. No son palabras demasiado largas. Es que lo facilón tiene las patas muy cortas.

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