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Hemos puesto el futuro en manos de los algoritmos, para que sean ellos quienes tomen las decisiones clave

Debido a que no nos satisfacen los presentes, pocas cosas nos gustan más que predecir el futuro; pero pese al empeño que le ponemos, la lotería nos sigue siendo esquiva, lo que demuestra nuestra escasa pericia a la hora de hacerlo. Pero si el argumento no fuera suficiente, recordemos cómo hace doce meses imaginamos el 2020 y cómo nadie vaticinó el desastre que estaba llamando a nuestra puerta. Y, sin embargo, un año más ya hemos decidido lo que pasará en este que ahora comienza. Veamos.

Del coronavirus sabemos que enero y febrero serán durísimos, para comenzar una lenta mejoría a partir de marzo y una recuperación definitiva en el último trimestre del año. También estamos seguros de que Biden será a la Presidencia de Estados Unidos lo que el papa Juan XXIII fue al Vaticano, y que olvidaremos a Trump. En la política nacional se da por seguro que ERC ganará las elecciones catalanas; que Pablo Iglesias continuará gestionando su vicepresidencia como si fuera guionista de Juego de Tronos y que Sánchez seguirá acumulando desafectos, que el PP no logrará convertir en afectos hacia Casado gracias a la encomiable labor de Ayuso. Habrá fusiones de grandes empresas, porque vivimos tiempos en los que el tamaño sí que importa dado que sólo hay espacio para dos tipos de empresas: las rentables y las muy rentables, y aquellas que obtengan grandes beneficios se comerán a las más pequeñas. Y hablando de tamaños, los escoceses preferirán ser parte de Europa antes que de las islas británicas y habrá lío en las tierras altas. Desgraciadamente, nadie cree que habrá cambios en Oriente Medio, ni en Rusia, ni en China, y respecto a los temas trascendentales, el Barça no ganará la Liga, siendo la continuidad de Messi la única incertidumbre planetaria de un curso que ya hemos definido antes de comenzar a vivirlo.

Luego quizás el C19 se resista a desaparecer; Biden sea como Carter, un bienintencionado escasamente eficaz; Vox se convierta en una fuerza dominante producto del cabreo de cada vez más gente y Messi vuelva a marcar goles de falta. Todo es posible y volveremos a errar en nuestros pronósticos, porque preferimos soñar antes que escarbar en los errores del pasado y aprendemos poco. Además, somos vagos y hemos puesto el futuro en manos de los algoritmos, para que sean ellos quienes tomen las decisiones clave. Pensando en el futuro me pregunto quiénes controlarán los algoritmos, que son los que deciden lo que vamos a ver, escuchar, creer y finalmente votar. Y me asusto.

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