LAS EMPINADAS CUESTAS

Amparo Rubiales

Nada

18 de enero 2011 - 01:00

ACABO de releer Nada, la famosa novela de Carmen Laforet, primer premio Nadal de 1945, que sigue reeditándose. La había leído en mi juventud y me gustó mucho, era la primera vez que en la España de Franco se escribía una novela que narraba la sordidez de aquella sociedad, pero ahora me ha impactado mucho más. Las mujeres, de diversas edades y circunstancias, son las protagonistas absolutas de esta historia, el mundo femenino lo invade todo, y los hombres, excepto uno, están en segundo plano. Sin embargo, las "empinadas cuestas" de las que con tanto acierto escribió el presidente Griñán, y que sirven de título genérico a estos artículos, son impresionantes. Nada, aunque la autora no lo hiciera deliberadamente, es una novela de mujeres, un grito literario, de amor y rebeldía, contra los estereotipos, que aún perduran, más vivos de lo razonable.

He leído algunas de las muchas cosas que se han escrito sobre esta novela y su autora, y la crítica es casi unánime al afirmar que se trata de un libro excepcional, que marca un antes y un después en la literatura española; fue capaz de contar la vida de aquella España y la miseria en la que se desenvuelven unas personas de la burguesía arruinadas y envilecidas por la Guerra Civil, sin decir nada explícitamente contra nadie; el censor de la obra escribió: "novela insulsa… que se reduce a describir cómo pasó un año en Barcelona en casa de sus tíos una chica universitaria sin peripecias de relieve… no hay inconveniente en su autorización"; el que hubiera personajes como éste nos permitió sobrevivir entonces.

Nada no tuvo importancia sólo para la literatura, sino también para su autora, Carmen Laforet, que escribió la novela con 21 años y quedó para siempre marcada por ella. Miguel Delibes escribe: "Pasaron los años y Carmen, cada vez más empequeñecida, no se decidía, no ya a igualar su éxito inicial, sino ni siquiera a intentarlo". La vida de la autora fue otra "empinada cuesta": escapó a la regla, pero pagó un alto precio

En la novela sorprende, además, una cosa: se narran muchas relaciones de la vida doméstica, y entre ellas, una de violencia de género, igual de triste que las demás, pero sin ningún plus de condena; él pega habitualmente a su mujer y ella sortea como puede los golpes. El marido pega "lo normal".

A pesar de los cambios, todavía conservamos muchos vicios; algunos de ellos tienen que ver con las relaciones entre mujeres y hombres y el progreso de la humanidad sólo será posible si estas son justas e igualitarias. Tener poder no es ser posesivo, pero hay personas que no lo entienden, y para ellos/as la vida será… nada.

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