La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
SE critica que el alcalde haya forzado el PGOU para permitir que un negocio privado de delicatessen se instale en un edificio público de gran valor histórico, las naves del Barranco, en principio destinado a usos culturales y recreativos. No comparto esta crítica. En El desprecio Godard hace una broma con la famosa frase atribuida a Goebbels -"cuando oigo la palabra cultura echo mano a mi pistola"-, poniendo en boca del productor de cine que interpreta Jack Palance: "Cuando oigo la palabra cultura echo mano a mi talonario". En nuestro caso, vista la languidez del mecenazgo privado hispalense y lo poco que tiran de cartera quienes se tienen por los santones de la cultura sevillana, el talonario al que se echa mano es el nuestro, vía impuestos. En cuanto a lo de los usos culturales o recreativos, visto lo visto, nada garantiza que no se usara para montar exposiciones sobre Murillo y el diseño de calzado o muestras esotéricas a lo Dan Brown, modelo las santas de Zurbarán en Santa Clara o la Sábana Santa en el sótano de las setas.
"Esto lo escribe usted porque lo hace Zoido. Si lo hubiera hecho Monteseirín lo pondría como los trapos", pensarán los sectarios que creen que todos son de su condición. Pues no. Ni fui ni soy un antimonteseirinista o un prozoidista acrítico y primario. En todos los órdenes de la vida procuro seguir la frase cervantina: "Cada uno es hijo de sus obras". El gran Américo Castro la interpretaba como un bofetón a la España de las castas. A quienes se consideraban justificados por su limpieza de sangre, con independencia de la bondad o maldad de sus obras, Cervantes opuso la justificación solo por las obras.
Este mal no desapareció con la España de las castas y de la limpieza de sangre; se transformó en las castas partidistas y la limpieza ideológica. José Jiménez Lozano, en tantas cosas seguidor de Américo Castro, escribió sobre este trasvase de la limpieza de sangre a la limpieza ideológica en su imprescindible Los cementerios civiles y la heterodoxia española (hay reedición de 2008 en Seix Barral). Si las setas las hubiera alzado Zoido la progresía arquitectónica y cultural lo habría puesto como los trapos, en vez de callarse o aplaudir. Y si lo del Barranco lo hubiera hecho Monteseirín la derecha le habría dicho de todo mientras la progresía de luxe, tan dada a las delicatessen y la enología, le habría aplaudido. La España de las castas.
También te puede interesar
Lo último