La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Becqueriano jirón de niebla

"Hay por Sevilla un jirón de niebla que el sol más claro no acierta a disipar…. Es Bécquer", escribió Juan Ramón

Recomendaba ayer el compañero Sánchez-Moliní, para celebrar el 150 aniversario de la muerte de Bécquer, privados por la pandemia y las pocas perras de las alaracas conmemorativas tantas veces horteras, la lectura de su obra y paseos por los lugares más suyos de la ciudad cuya luz tanto echó de menos desde un Madrid "sucio, negro, feo como un esqueleto descarnado, tiritando bajo su inmenso sudario de nieve", como escribió en su reseña de La soledad del hoy olvidado Augusto Ferrán y Forniés publicada en El Contemporáneo el 21 de enero de 1861: "Cerré el libro y apoyé mi cabeza entre las manos. Un soplo de la brisa de mi país, una onda de perfumes y armonías lejanas, besó mi frente y acarició mi oído al pasar… Torné con mi espíritu a vivir en la ciudad donde he nacido y de la que tan viva guardé siempre la memoria". En Cervantesvirtual.com tienen el texto completo, que se incorporó como prólogo en las sucesivas ediciones de la obra de Ferrán (www.Cervantesvirtual.com, Obras completas de Augusto Ferrán/prólogo de Gustavo Adolfo Bécquer), cuya lectura les recomiendo calurosamente porque, junto al anterior y conmovedor El alcázar de Sevilla en el que Blanco White llora su perdida ciudad desde el exilio inglés (también lo pueden leer en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-alcazar-de-sevilla) representa el inicio de las elegías sevillanas desde exilios exteriores o interiores que se prolongarían, pasando por los textos de Cansinos Assens en Grecia y Ocnos de Cernuda, hasta Los cielos que perdimos de Romero Murube.

En enero se anunció que el 17 de febrero empezarían los fastos del año Bécquer. Antes de que pasara un mes se decretó el confinamiento. Siete meses después estamos como estamos. Quién sabe si con ello no sale ganando el poeta que fue víctima de su popularidad para acabar convertido casi en una caricatura. Hay famas que arrasan. "Un artista puede ser incomprendido no solo cuando se le desdeña, sino también cuando se le admira" escribió el becqueriano Cernuda.

Homenajeemos a Bécquer como se debe celebrar a un escritor, leyéndolo, y busquemos por sus calles ese jirón de niebla en el que Juan Ramón lo reconocía: "Hay por Sevilla un jirón de niebla que el sol más claro no acierta a disipar. Se va de un lado a otro, pero nunca se quita; algo así como esas estrellas que se ven ante sí los ojos confusos. Es Bécquer. ¿Es Bécquer? ¡Es Bécquer!".

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