TENGO que empezar diciendo que no me gusta el futbol y que, por tanto, se supone que no sé nada de este deporte. Es más, lo que pienso de él es bastante negativo, ya que no me gustan los muchos excesos -de toda índole- que en su nombre se cometen. Soy asidua de los medios de comunicación en casi todas sus facetas, soy tertuliana en muchos, consumo información política con avidez aunque ya no sea una política en activo y luego me dejo enredar por todo lo demás, desde el espanto que me producen las informaciones del corazón a la información deportiva, en general, y el fútbol, en particular.

Creo poder constatar que esto es algo que nos pasa mucho a la mayoría de las mujeres; a algunas, las más jóvenes -mi hija entre ellas- les gusta el fútbol como si fueran "hombrecitos", pero a la mayoría de las mujeres de mi generación no nos ocurre esto, y no voy a averiguar ahora el porqué, aunque creo intuirlo: era, y aún sigue siendo, un mundo del que han estado ajenas las mujeres, y es que no hay más que ver la composición de las directivas de los equipos de fútbol para ser conscientes de que no formamos parte tampoco de ese mundo.

Todo esto lo estoy escribiendo porque quería hablar del Betis, del dolor que me produce lo que le ha pasado al Betis. Quede claro que el fútbol me es indiferente, pero sí me importa la gente a la que esto le interesa, y yo no sé si los béticos son iguales o no al resto de las aficiones -seguramente serán todas parecidas-, pero sí estoy viendo a los béticos sufrir y mucho, no sólo por haber descendido, sino por saber que esto que les pasa tiene mal remedio, y no es sólo un problema deportivo: saben que el dueño del Betis es un disparate contra el que nada pueden legalmente hacer, a pesar de las muchas sospechas que contra él existen, y que no sólo se ha cargado a un equipo sino que ha hecho un daño mortal a una afición que no se lo merece y que ahora no saben qué pueden que hacer contra tanta injusticia como llevan viviendo durante todos estos años, muchos años.

A mí, lo reitero, no me gusta el fútbol, pero me declaro y me he declarado siempre bética, por aquello de que también lo son las personas que más quiero en mi vida: mis hijos, mi yerno, mis hermanos, mis sobrinos y ahora, cómo no, mis nietos. Mi marido también, pero de otra manera. En definitiva, toda mi familia, y me encuentro ahora desolada al verlos sin alternativa y al recordar lo que a mí me pasó con el dueño del Betis, que ya en una ocasión me quiso declarar persona non grata para el Real Betis Balompié porque dije de él, con todo el cariño de mi alma, que no quería que pasara en la política lo que le ocurría a "mi pobre Betis", que entonces también estaba en Segunda División, y con otro enfrentamiento, mediáticamente famoso entre el amo del Betis y Luis Cuervas -a la sazón presidente del Sevilla F.C.- siendo yo delegada del Gobierno en Andalucía, intentando separarlos de una bronca absurda que estaban teniendo ambos. No lo conseguí, pero sí debo decir -y nunca hasta hoy lo he hecho públicamente- que Luis Cuervas (q.e.p.d.) me llamó al día siguiente a pedirme disculpas por lo que había pasado; del otro nunca jamás supe lo que pensaba; lo volví a ver y nada le dije por aquello de que también al Betis lo considero "mi" Betis. ¿Y ahora, qué hacemos? Estar en Segunda División le puede pasar a cualquiera, aunque no debería ser al Betis, pero tener esta sensación de impotencia que tienen los béticos en estos momentos -y durante tantos años antes- es injusto, muy injusto, y como siempre me ha movido luchar contra la injusticia hoy lo quiero hacer a favor de ese Betis que no es de Lopera, sino de los béticos y béticas que hoy están llorando sin remedio.

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