La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Parece que esta vez va de verdad y que el otoño se coloca unos ropajes más adecuados. Dicen los que saben de eso que el frío llama a las puertas tras un verano que se resistía a deponer sus armas. Demasiado el tiempo que ha durado, pero qué duda cabe que hemos disfrutado de una delicia de temperatura, con los mercurios instalados a una altura que hace delicioso el vivaqueo bajo el techo estrellado a cuerpo gentil. Ya los telediarios nos traen imágenes invernales y ahora sólo falta que eso venga acompañado del líquido elemento que nos permita mirar un horizonte sin las inquietantes sombras de sequías con el adobo de las temidas restricciones. Anoche pudimos incluso olisquear efluvios de alcanfor, señal inequívoca de que los ropajes de abrigo ya han salido de los armarios. Bienvenido sea el invierno.
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