Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Blindar la caja

EL informe Los indicadores mundiales del buen gobierno sitúa a España en el puesto 36 en la lucha contra la corrupción, sin señales de progreso desde 2003, esto es, durante la etapa del presidente Zapatero. No es que la situación haya empeorado, pero tampoco se ha avanzado lo suficiente.

La corrupción no adquiere carta de naturaleza hasta que los tribunales intervienen. El juez es el cirujano y la situación pide medicina preventiva. Los gobernantes parecen más preocupados por el maquillaje de sus arrugas visibles que en enfrentar la situación. El buen gobierno no sólo consiste en estar fuera de la corrupción, sino en combatirla y prevenirla. Concluidas las justas electorales, se olvida la lucha contra el fraude, lo que explica que los españoles sitúen a los partidos políticos a la cabeza del problema, como se desprende del Barómetro Internacional de la Corrupción 2009. Jana Mittermaier, directora de Transparency para la UE, ha definido la colisión de intereses en algunos escenarios de la política española como un "secuestro del Estado", peligrosa deriva de la que Italia sería el paradigma.

En declaraciones a Catalunya Radio, Antonio Garrigues se ha referido a la cultura que tolera la corrupción como una expresión de éxito. La gente corrupta, viene a decir, no ve dañada su imagen, como lo prueba el hecho de que, cuando se destapan los casos, los delincuentes políticos consiguen mayor apoyo en las urnas. Hemos visto a figurines de sastre lavar en baños de multitud las imputaciones judiciales. Y observado la duda rajoyniana entre el expurgado ejemplarizante y el Fuenteovejuna inconfesable. La honradez se pierde en el pequeño paso que supera una delgada línea roja de la que es difícil retornar con las manos limpias.

La rectitud de un gobierno no se demuestra con estar fuera de los asuntos turbios. Además de no meter la mano en la caja, hay que blindarla. Asegurarla mediante la transparencia y la supresión de ventajas para quienes malversan la legitimidad de la representación pública. Pero el problema parece estar más en la raíz, en los partidos, de ahí la dificultad añadida para alcanzar un acuerdo en torno a esta cuestión central.

El informe sobre indicadores de buen gobierno, promovido por el Banco Mundial, constata una parálisis en la lucha contra la corrupción que nos saca del mapa de las grandes naciones, con las que nuestro presidente de Gobierno gusta codearse. España, dentro de la UE, sólo aparece por delante de Italia, Grecia y Chipre. Tan diferentes Zapatero y Berlusconi, el primero está llamado a impedir, mediante la educación cívica de respeto a la ley, un futuro golpe a la democracia de un Papi a la española.

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