La crónica económica

Joaquín / Aurioles

Calima

DEJAMOS un mes de agosto mucho menos relajado de lo habitual, en el que las noticias de contenido económico se han sucedido casi sin descanso. De entrada aparecieron los primeros nubarrones de la tormenta presupuestaria atraídos por las comparecencias públicas de primeros espadas en materia de financiación autonómica, que han servido para presentar las líneas maestras del conflicto que se va a escenificar en las próximas semanas y que corre el riesgo de quedarse corto de audiencia.

Tampoco es corriente que personalidades como Zapatero y Chaves convoquen a sus respectivos equipos económicos para poner en marcha nuevas medidas anticrisis, aunque a la vista del contenido y con los funcionarios responsables de ponerlas en marcha de vacaciones, bien podrían haber esperado al mes de septiembre para anunciarlas.

Pero no todo ha sido tramoya, sino que también han abundado los acontecimientos, algunos negativos pero también otros de corte positivo. Lo peor se ha presentado al principio y al final. Al principio, porque se confirmó el perfil plano de la economía española (0,1% de crecimiento durante el segundo trimestre y riesgo de entrar en recesión técnica durante el segundo semestre) y porque supimos que el superávit del Estado, con el que tendríamos que superar la crisis sin demasiados traumas, se había esfumado y transformado en un déficit equivalente al 1% del PIB.

Al final, porque según el Ministerio de Trabajo el mes de agosto ha dejado 100.000 parados más, la cuarta parte de ellos en Andalucía.

La principal novedad es que, después de una interminable sucesión de noticias negativas, por fin aparecen algunos datos positivos. El principal es que se reduce la inflación por debajo del 5%, al mismo tiempo que el precio del petróleo cae un 20% y el dólar se aprecia un 10% frente al euro.

La interpretación optimista de estos datos abre una puerta a la esperanza de que si la inflación se mantiene bajo control el Banco Central Europeo podría comenzar a considerar que se dan las condiciones para que desde la política monetaria se contribuya a la reactivación de la economía y acepte que los tipos de interés puedan comenzar a reducirse en unos meses.

También hay espacio para la interpretación pesimista. Puede considerarse, por ejemplo, que simplemente se trata de ajustes técnicos debidos a la necesidad de revisar el componente especulativo en el actual precio del petróleo y que, por tanto, en breve volverá a los niveles de estos últimos meses. También las hay más grotescas, como la de la teoría de las burbujas, que vendría a decir que el precio del petróleo, el de algunos alimentos e incluso el del euro se ha hinchado tanto, que estaría próximo el momento de su estallido y una nueva vuelta de la crisis internacional.

La versión pesimista con respecto a la apreciación del dólar advierte de la amenaza sobre otra de las buenas noticias del verano: la revisión al alza (3,3%) de la previsión de crecimiento de la economía norteamericana, cimentada sobre la contención de la demanda interna que ha provocado una importante caída de las importaciones.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios