Cataluña necesita un pacto de Estado

LA convocatoria del referéndum independentista en Cataluña ha venido seguida, de un pacto explícito entre los dos grandes partidos, PP y PSOE, en contra de la propia consulta, por su ilegalidad, y de apoyo a los instrumentos que la Constitución deja en manos del Gobierno para frenar una desobediencia institucional de este calado. La presidenta de la Junta de Andalucía, la socialista Susana Díaz, ha dado un ejemplo al ponerse al lado de Mariano Rajoy con independencia de las diferencias - de "oceánicas", las ha calificado- que les separan. Al desafío se le debe contestar con el Derecho y la política. Ningún Estado de Derecho puede seguir adelante si se muestra incapaz de hacer cumplir las leyes, y la convocatoria del referéndum por parte del presidente de la Generalitat, Artur Mas, es un desafío ilegal. La ley otorga instrumentos coercitivos para aquel que intenta contravenir el orden constitucional, y no sólo es una prerrogativa del presidente, sino un deber. Por tanto, la consulta no puede llegar a celebrarse, y no es que la Generalitat carezca de competencias para convocar un referéndum, sino que éste, por la naturaleza de su cuestión, es plenamente inconstitucional ya que declara soberano a otro cuerpo electoral distinto al español. Pero, a la vez, también es el tiempo de la política. Susana Díaz lo ha entendido bien. Ha dejado claro que su posición es la de Rajoy, aunque mantiene que la cuestión catalana puede resolverse mediante una reforma constitucional que otorgue un papel singular a esta comunidad. Sin entrar en el fondo de ello, es loable que la presidenta andaluza no sólo deje claro cuál es su opinión, sino que vaya a ir a Cataluña a explicarla. La historia común de Andalucía y Cataluña, forjada por la inmigración y por ansias políticas parecidas, es un aval que cualquier presidente andaluz debería utilizar en estos momentos en los que es necesaria la actuación de todo aquel que, por cargo o trayectoria, pueda influir en la opinión pública catalana. En demasiadas ocasiones, la respuesta que desde una parte de España se dio a Cataluña sólo retroalimentaba las posiciones más radicales. Para hacer cumplir las leyes, sólo hace falta firmeza; sobra el vocerío, el interés particular y la dialéctica rancia. Ahora es el momento en el que PP y PSOE deben actuar juntos y sin fisuras. El PSOE, además, tiene que conseguir que el PSC fije una posición clara aun a riesgo de una ruptura. Pero el desafío independentista es de tal calado que sería irresponsable, cuando no cobarde, dejar a los partidos la única actuación: es el tiempo de que se pronuncien las empresas, los bancos, los intelectuales, la universidad y las principales instituciones del país.

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