tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Ciberpalmeros

LAS redes sociales han sido asaltadas por los palmeros digitales con ocasión del cara a cara Rajoy-Rubalcaba. Han convertido el tuiteo, donde el pensamiento destila destellos de debate, en una turbo-propaganda de perfil bajo. Consternado, Fernández Urbaneja, el presidente de los periodistas madrileños, me hace un comentario retórico: "El periodismo ha muerto". Se empezó con la práctica antidemocrática de las ruedas de prensa sin preguntas, que son ruedas de molino, y ahora hemos visto despegar la nave espacial del capitán Campo. Dos astronautas alejados de la Tierra y 200 periodistas -¡oh! ¡qué despliegue mediático!-, siguiendo a los actuantes de la última superproducción Academia-TV a través de los monitores de la sala de control... Nos han birlado el debate.

Sin periodismo no es probable que se pueda atender un derecho básico del electorado: la información. ¿Cabe encomendar la cuota individual de soberanía a quienes nos llenaron de mensajes cruzados de escasa credibilidad, a modo de golosinas para las respectivas aficiones? No se confunda información con propaganda a dos voces. Dice El Roto en una de sus viñetas: "La caída de las publicidad [en los medios] se podría compensar cobrando toda la propaganda". ¡Qué gran idea!

Pero no es bueno perder el norte. Nadie cae en el error de cerrar los hospitales porque la medicina no sea buena. La crítica a quienes degradan las prácticas políticas -otra forma de corrupción- no va dirigida contra la democracia y las instituciones, sino que intenta hacer frente a la cultura hegemónica de nuestra política.

Precisamente, cuando más fortaleza hace falta, como antídoto de la especulación y de la amenaza tecnocrática, las figuras centrales de un duelo de dos empatan a cero. Cuando el país necesita compromisos y respuestas ante cuatro años decisivos, los grandes partidos pactan un tapado que resulta un striptease, un desnudo de ideas. Entre tanta tontería en los hastacks y en los tuits de los palmeros, cabe hacer una pregunta: ¿no hay mucha más carga política y debate democrático en la gente del 15-M?

Ni el tráfico de los internautas de la engañifa es símbolo de modernidad, ni con su petardeo digital nos resarcen del no-debate. Ha sido penoso. La polarización política contamina la Red, y a eso lo llamarán "madurez democrática" o "democracia 2.0"... Pero los simulacros de participación se lo ponen más difícil a una clase política que tendrá que dar la cara. Vamos a necesitar medidas de emergencia y, sin iluminar la conciencia cívica con información y transparencia, de nada valen las algarabías tuiteras y el espectáculo Academia-TV. Se necesitan políticos. Sobran maquilladores.

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