La ciudad y los días

carlos / colón

Concha García Campoy

HABRÁ quien escriba que Concha García Campoy perdió su batalla contra el cáncer. Se equivoca. Esta batalla se gana por el mero hecho de darla con valor, aguante, generosidad para con los demás y para con uno mismo, aprovechándola -por indeseable y dura que sea la circunstancia- para descubrirle nuevos espesores a la vida. Oigo a Concha decir en una entrevista que su enfermedad ha sido una ocasión para descubrir cuánto quería y cuánto la querían, para tirarse de cabeza a la piscina de las emociones y los afectos, para decirle sin medias tintas a sus amores cuánto los amaba, para abrazar amigos y amigas que hacía años que no veía. Quien vivió así su enfermedad -también, seguro, con íntimos momentos de angustia y desfallecimiento que sólo pertenecen a los más suyos- no ha perdido ninguna batalla. Simplemente ha muerto como todos moriremos. La batalla que se pierde siempre es la que se libra contra la muerte. Pero esa batalla es la propia vida. "Lo que llamáis morir es acabar de morir y lo que llamáis nacer es empezar a morir y lo que llamáis vivir es morir viviendo", escribió Quevedo.

De la enfermedad hay que hablar con el máximo respeto, sin tópicos consoladores ni blandenguerías mentirosas. Es dura. Es horrorosa. Pero está ahí y nos aguarda. A todos. Hay a quienes derrumba y quienes se crecen ante ella. Hay a quienes hace peores y a quienes hace mejores. Como hay quien se cura y quien no lo logra. Pero no curarse, y sucumbir, no quiere decir haber perdido ninguna batalla. Basta darla con ánimo para ganarla humanamente. Lo demás, morir, es lo que nos aguarda a todos por mucho que en este momento que se balancea entre la frivolidad y el nihilismo -dos caras de la misma moneda- se quiera ignorarlo.

Ha muerto joven, sí, y con mucha vida por delante. Pero dejando mucha vida vivida por detrás: Cope, TVE, RNE, Ser, Onda Cero, Punto Radio, Cuatro, Tele 5… Muchos éxitos profesionales, muchos amores vividos, muchas amistades gozadas. No se va con las manos vacías. No nos deja con la memoria vacía. Por ella, por amor a su voz, participé en la retransmisión de la boda de la Infanta. ¿Qué se le podía negar a esa voz que era la música de un carácter? Pongo sobre su memoria estos versos de Spenser que están escritos sobre la tumba de Joseph Conrad: "El sueño tras el esfuerzo, / tras la tempestad el puerto, / el reposo tras la guerra, / la muerte tras la vida harto complacen".

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