VÍDEO Un migrante cruza por primera vez la valla de Melilla volando en parapente

Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Cortafuegos

Lo peor es que algo tan tremendo como la salida de España de Juan Carlos era lo único sensato que cabía hacer

Desde el desgraciado viaje con Corinna Larsen en 2012 para cazar elefantes en Botsuana, con España a punto de ser intervenida por los hombres de negro de la UE y el paro escalando hacia los seis millones, nada volvió a ser igual. Ese viaje hizo saltar por los aires el blindaje mediático que en un pacto no escrito todos los medios habían mantenido en torno a la figura de Juan Carlos, el Rey que, según Suárez, había que proteger de él mismo. Una vez abierta la espita había material de sobra para que aquello, como se ha demostrado, no tuviera fin. Desde entonces hasta el trágico anuncio de exilio de este lunes se han sucedido tres intentos de cortafuego para proteger la Jefatura del Estado y salvar el pacto constitucional de 1978. El primero, teñido de patetismo y que ojalá nunca se le hubiera ocurrido a nadie, fue la petición de perdón a los españoles a las puertas de una desangelada habitación de hospital: "Me he equivocado y no volverá a pasar". El segundo, muchísimo más serio, con Rajoy y Pérez Rubalcaba en su papel de hombres de Estado, fue la abdicación de junio de 2014 que debía sacar al Rey del foco y convertirlo en una figura decorativa dentro de la Casa Real con escasas funciones representativas. El tercero fue el anuncio de exilio de este lunes, que supone en la práctica la asunción de responsabilidades que se están dirimiendo en los medios de comunicación antes que en los tribunales y que no es ni mucho menos un episodio pasado de la vida privada del Rey emérito. Algo de una gravedad sin precedentes y que deja a su hijo en una situación más que delicada. Lo peor es que algo tan tremendo como la salida de Juan Carlos del país era quizás lo único sensato que cabía hacer.

Los dos primeros intentos de poner fin al deterioro que sufría la Corona dieron los resultados que ya conocen. Nada hace pensar que el tercero vaya a ser más efectivo, por más que Juan Carlos lleve seis años sin ocupar el trono. Por muchas razones, pero apunten una que puede revelarse con toda su intensidad a partir de ahora: hay una clara maniobra de erosión al Jefe del Estado, en la que participan muchos actores y en la que lleva voz cantante, sin tapujos y a cara descubierta, una parte del Gobierno de España, incluido uno de sus vicepresidentes. Y tampoco la defensa de Felipe VI que hace el presidente Sánchez demuestra especial intensidad ni entusiasmo. Seguro que es porque no le sale.

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