Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Una nueva generación, un mundo nuevo
UN hijo mío se va a Noruega una semana por el mismo montante con el que hasta hace no mucho no nos podíamos ir ni a la playa un par de días. Los vuelos low cost, los alojamientos casi gratis y, sobre todo, un radical cambio de mentalidad en buena parte de nuestra juventud (por fin) han obrado el milagro de que nuestros chavales se parezcan cada vez más a esos rubiancos que desde los años setenta deambulaban por Europa con mochilas y vaqueros, sin dejar de lado la preparación y los estudios. Lo contrario totalmente, por definirlo de manera concisa, a los ninis mediterráneos. Porque hay una generación de jóvenes, de chavales de clase media que están entre los 16 y los 35 años, cuya forma de ver la vida está a años luz de la de sus padres. El rasgo más definitorio, según sesudos estudios sociológicos, aunque valdría lo mismo compartir con ellos un viaje en coche a San Sebastián para averiguarlo, es la huida de ataduras de todo tipo, al menos inmediatas: ni sentimentales ni económicas. Huyen del noviazgo profundo tanto como de la firma de una hipoteca que les ahorque durante sus mejores veinticinco años. Como para no entenderlos y darles la razón.
La generación Millennial, incluso los mejor preparados, intuye que el Sistema les va a condenar a trabajos temporales, mal remunerados en la mayoría de los casos, y que, con esas premisas, vincularse de por vida a los gastos fijos que implica el poseer una casa o crear una familia es, con contadas excepciones, como digo, una decisión casi suicida. Más por pragmatismo que por un idealismo utópico han decido experimentar, sentir, esto es, viajar sobre todo, antes que poseer, sea lo que sea. Las plataformas de consumo colaborativo, en las que se comparten desde coches a casas, o las de venta de objetos de segunda mano que ya no usamos, no hacen sino crecer y triunfar. Hoy día la gente joven comparte coche para moverse o incluso -impensable para nuestros padres y la mayoría de nosotros- apartamentos y casas donde alojarse unos días, como ocurre en la web Couchsurfing. Mejor entenderlo más pronto que tarde: nuestros hijos no remedarán la mayor parte de nuestros comportamientos pequeño burgueses; alquilarán apartamentos o habitaciones en lugar de comprar y amarrarse; muchos no tendrán coche, entrarán en las redes sociales cuando quieran realizar un desplazamiento, usarán la bici o el scooter en ciudad o acudirán a Rentacar. Lo contrario no es sólo insostenible ecológicamente, sino además poco inteligente desde el punto de vista económico. A nosotros nos engañaron fácilmente los anuncios de vehículos potentes seduciendo al sexo contrario, y de adosados con piscinas solitarias: con ellos lo van a tener más complicado.
PS. Bélgica llegó a estar 500 días sin Gobierno: durante ese periodo mejoró el paro, el déficit y las cifras macro...
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