La ciudad y los días

carlos / colón

Cuento español para chinos

ESTE desdichado país, tan dado a oscilar entre lo trágico y lo grotesco, se dedica a perseguir judicialmente a los tiranos del mundo con una decisión y una fe de converso que jamás ha puesto en sus propias leyes, emanadas de una confusa amalgama de los mundos de Yupi progres, empeñados en rehabilitar y reinsertar lo de imposible rehabilitación y reinserción (no por otra razón sino porque los sujetos están encantados con lo que hicieron y volverían a hacerlo), y de residuos franquistas, asombrosamente no corregidos, que se vuelven a favor de los terroristas, asesinos sádicos o violadores múltiples.

Así mientras día tras día salen de la cárcel violadores, sádicos y terroristas con muchas muertes a sus espaldas, gracias a la culpable blandura de nuestro Código Penal y a la chapuza de la doctrina Parot que intentó parchearlo, nos lanzamos a perseguir por el ancho mundo a terroristas de estado y violadores de los derechos humanos con un ardor justiciero que jamás hemos mostrado en nuestros propios y tremendos asuntos.

Mientras los terroristas, cumplidas su penas (exiguas en proporción al número de asesinatos cometidos), se toman unos chiquitos en las tabernas de su nación, al frente de cuyos ayuntamientos otra brillante resolución legal ha permitido que estén sus cómplices, nos metemos en otro follón internacional porque la Audiencia Nacional, a falta de cuestiones que resolver en uno de los países de Europa en los que matar sale más barato en años de cárcel, se entretiene en dictar una orden de busca y captura contra el ex presidente Jiang Zemin y el ex primer ministro Li Peng por genocidio en el Tíbet (que, por cierto, los progres negaron como propaganda anticomunista mientras se cometía).

Pasando lo que está pasando aquí es de chiste que nuestra tibieza legal con los terroristas, pederastas y violadores nacionales se vuelva dureza con los terroristas y violadores de los derechos humanos internacionales. Y de chiste son las razones del ministro de Exteriores: "Hemos explicado a las autoridades chinas que España es un Estado de Derecho con separación de poderes y el Gobierno no puede interferir en las decisiones que tomen los órganos jurisdiccionales". Lo del Estado de Derecho puede que se lo crean. Pero lo de la separación de poderes les tiene que haber sonado a cuento español, que supongo que es como allí llaman a las trolas que nosotros llamamos cuentos chinos.

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