La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Radiante la Luna, hermosamente creciente se asomaba al Patio de la Montería para tomar parte del reconocimiento que se le daba a un viejo luchador, a uno de esos héroes que permitieron que hoy vivaqueen quienes están dispuestos a destrozar lo que Eduardo Saborido y otros como él levantaron. Curioseaba la Luna de septiembre y se quedaba allí para escuchar atentamente las palabras con que Eduardo agradecía que se acordaran de él cincuenta años después de aquel proceso vergonzante llamado del 1.001. Se asomaba la Luna y daban las diez las campanas de la Giralda, que tampoco quería perderse un homenaje que tocaría el cielo con sus manos cuando ese ejemplo de sindicalistas que ha sido, es y será Eduardo Saborido echó su enorme corazón por la boca para romperse por dentro cuando recordó a Carmela, la gran ausente de una noche inolvidable.
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