José Ignacio Rufino

Desaprobado y repetidor

AUNQUE el "muy deficiente" de otros tiempos es un absoluto tabú en nuestros días, a los niños de Primaria vuelven a darles "insuficiente" a modo de cate, e incluso hay colegios en los que los desalmados profesores ponen "suspenso" con todas las letras. Por suerte para nuestro idioma, el "progresa adecuadamente" de los pendulazos de la Logse y la elevación a categoría soberana del confort psicológico de los niños parecen pasar a los anales de la histeria de lo políticamente correcto.

Como es normal, a un padre le duele que a su hijo le duela recibir un boletín con calificaciones negativas; o debe dolerle. Sea como sea, en realidad a quien debe dolerle es al niño. Con todo respeto y sin identificar por completo suspenso con pecado, el camino del perfeccionamiento debe tener en sus etapas el examen (de conciencia), el dolor (de los pecados) y el propósito (de la enmienda), como mínimo. Obviaremos en parte las otras dos etapas en esta traslación de la buena confesión católica al aprendizaje: el decir los pecados al confesor y el cumplir la penitencia. Podría valer con no ocultar las notas a los padres y con hacer un programita de recuperación.

Sin embargo, no escarmentamos y tendemos a identificar responsabilidad con culpa, y a evitar que nuestros cachorros se agobien y sufran angustia por haber fallado o, horreur, "fracasado". Contribuimos así a hacer jóvenes irresponsables y siempre a cubierto. Dicho sea todo esto con permiso de la academia: no soy pedagogo ni psicólogo infantil; soy, eso sí, padre en activo, profesión vitalicia en la que casi todo es empírico y adquirido de la experiencia. Como suele decirse, no te dan manuales en la clínica, ni nadie escarmienta en paternidad ajena. Otra cosa es la política. En la gestión pública andaluza, al parecer, no se suspende, "se desaprueba". No en todo, pero sí en cosas importantes.

Según informaba ayer este periódico, los resultados del Barómetro de Opinión Pública de Andalucía, cuyo patrono final es la Federación de Cajas de Ahorro de Andalucía, Chaves se enfrenta a casi la mitad de la opinión de los andaluces, que "desaprueban" su gestión. No sabemos si la reprueban, pero sí que la desaprueban. La semántica es la semántica. Javier Arenas, por su parte, sigue sin levantar cabeza a tenor de este barómetro (el PP tiene otro, hay que decir). El cinco es para él como fue durante muchos años el récord de Bob Beamon para los saltadores de longitud, como ese destino del que vemos la luz pero que al que no acabamos de llegar. La mayoría absoluta y perenne de Chaves no corre peligro. Todo un axioma del Sur de España, que raya en la categoría de seña de identidad; como el olivar, el flamenco o esa alegría de vivir y esos productos "de lujo".

El barómetro dirigido por Manuel Pérez Yruela, profesor de Investigación del CSIC, nos confirma cosas que esperábamos. Que el paro y la crisis económica -efecto y causa- son los problemas más importantes. Que la situación económica es mala, opinión lógica y abrumadora. Y, a lo que vamos con el desaprobado, más de la mitad de los encuestados opina que las medidas que se toman para afrontar la crisis son malas o regulares. Además, un porcentaje similar piensa que la cosa va a ir a peor. Aunque algunos recriminen a los medios que alimentan el pesimismo de la opinión general, no hace falta asegurar aquí que resulta muy complicado componer a día de hoy un periódico que nos anime: no disparemos al pianista ni matemos al mensajero. Chaves, en fin, desaprueba bastante y no progresa muy adecuadamente... ¡y va a repetir curso!

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