La tribuna

carmen Pérez

Diálogos en Atenas

EN la Historia de la Guerra del Peloponeso, escrita por el genial historiador griego Tucídides, en torno a 416 a. C., se encuentra el famoso Diálogo de los melios, mantenido entre la Atenas imperial y los habitantes de la pequeña isla de Milos. Los melios tienen que decidir sobre qué futuro quieren, o mejor: si quieren tener futuro o no, porque los atenienses no le dan muchas opciones: o se someten y pagan los tributos, o entran en guerra y, dada la desigualdad entre los dos bandos, quedarían arrasados. Es un apasionante episodio de la Historia, que refleja una dura negociación entre dos pueblos, y constituye uno de los mejores ejemplos de pura y realista política internacional. Y viene estos días al recuerdo con la situación que estamos viviendo, con Atenas también como protagonista.

Cuando al inicio del diálogo los atenienses intentan convencer a los isleños que someterse es la mejor alternativa y pronuncian: "Porque en vuestro caso os habríais sometido antes de soportar males extremos, y nosotros ganaríamos con no destruiros", parece que estemos escuchando las palabras que ahora se les dicen a Atenas: la mejor solución para todos es que sigáis pagando vuestra deuda. Además, los atenienses lo dejaron claro: "No nos perjudica tanto vuestra enemistad como vuestra amistad justificada por nuestra debilidad, ya que para los súbditos el odio es un ejemplo manifiesto de poder"; argumento que también subyace, actualizado a los tiempos modernos, a la postura de la troika: ceder ante Grecia, no ejercer el poder, mostrarse blandos, puede arrastrar a muchos países a desarrollar el mismo comportamiento.

Los melios se resisten: apelan al apoyo que recibirán de los espartanos, enemigos de los atenienses, caso de que entraran en guerra; apelan a la suerte que han tenido otros pueblos en circunstancias semejantes, como la de los mismos atenienses algunos años antes en la guerra contra los poderosos persas; apelan, por último, a la esperanza, a la divinidad, porque están seguros de que la justicia está con ellos. Los contactos con Rusia tras la victoria electoral, la alusión a la condonación de deudas a Alemania en el pasado reciente, y la manifestación del pueblo griego en las plazas de Atenas en apoyo a sus dirigentes repiten veinticinco siglos después los mismos argumentos. En aquel entonces, los atenienses devuelven a los isleños a la realidad, les destrozan sus razones, y les advierten que persistir en su posición sería "un deshonor más deshonroso por ser debido a su locura, que no a la suerte". Como Grecia hoy, que puede conducirse ella misma a su propia ruina por las consecuencias que le acarrearía ser expulsada del euro.

Las partes se mostraron en principio orgullosas, cerradas en banda, lo que, por otra lado, es lo que cabe esperar al inicio de una negociación. Los titulares en la prensa nos han ido dando noticias de los distintos rounds: "Si Grecia quiebra, nadie recuperará nada, tampoco Alemania" o "La salida del euro, una catástrofe evitable para la Eurozona", han sido algunos de los argumentos de los contendientes atenienses; "El BCE pone a Grecia contra las cuerdas" o "El BCE deja de admitir la deuda de Grecia", reflejan claramente la postura de fuerza del lado europeo; y asimismo, noticias de posturas individuales en el conflicto, como la de Schaeuble, el ministro de Economía alemán, que le leyó bien la cartilla a Varoufakis, el ministro de Finanzas griego: esto, esto, y esto otro es lo que tenéis que hacer. A todo esto, la agencia de calificación crediticia Standard&Poors bajó la nota a Grecia por el posible riesgo de corralito, la Bolsa griega cae, y su prima de riesgo se eleva por las nubes, pagando con ello más intereses y recibiendo menos demanda en sus nuevas emisiones de deuda. Pero también desde el principio algunos tímidos lazos se tendieron, tal como el que recogió el titular "El BCE estaría dispuesto a facilitar hasta 60.000 millones a Grecia en préstamos de urgencia", y han ido multiplicándose con el paso de los días, favoreciendo el acercamiento.

El Diálogo de los melios no tuvo un final feliz, al contrario, fue de lo más trágico: los melios no cedieron y los atenienses se apropiaron de la isla y "ejecutaron a todos los hombres en edad viril que cayeron en sus manos y sometieron a esclavitud a mujeres y niños". Sin duda alguna, ambas partes perdieron. No supieron negociar. Las dos situaciones, la de ayer y la de hoy, distan enormemente de ser idénticas, pero la cuestión de fondo es exactamente la misma: ¿cabe formar con dos intereses distintos un interés común? Tras varias semanas de batallas parece que pronto asistiremos al desenlace. Esperemos, por el bien de todos, que haya finalmente acuerdo, y que de esta forma podamos alegrarnos de que la Historia no haya pasado en balde.

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