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Carmen Silva

Doce niños de Dos Hermanas

Espero que no olviden la emoción e importancia de la ceremonia y lo feliz que han hecho a su catequista

04 de abril 2024 - 01:00

No conservaba ningún recordatorio de mi primera comunión, pero hace unos años, una compañera de pupitre, María José Sánchez, me mandó un mensaje: “Mira lo que he encontrado”. Era una estampita en la que aparecía dibujado un angelito y una niña arrodillada. Debajo había escrito: “Carmencita Silva de Pineda. Hizo su Primera Comunión el día 11 de mayo de 1985 en la Parroquia de La O de Sanlúcar de Barrameda.”

Los detalles de la posterior celebración de ese día están difuminados. Nos fuimos a Sevilla a merendar a casa de mi abuela. Apenas recuerdo a mi catequista, que fue la madre Vélez, enfermera del colegio (de monjas). Lo que sí evoco nítidamente es la ceremonia. Dónde estaba yo sentada en el altar, mis compañeros, lo que leí, el padre Narciso, mi familia y que estaba tranquila y muy feliz.

Hace años, por cosas de la vida, dejé mi querido barrio de la Puerta de Carmona en el que he vivido desde mi adolescencia para mudarme a Dos Hermanas. La verdad es que al principio me sentí como una expatriada, pues no conocía a nadie ni tenía arraigo alguno. Me puse a investigar quién mandaba allí para ver qué tipo de pueblo era. Descubrí que en Dos Hermanas manda la Virgen de Valme y que Ella vive en la parroquia de Santa María Magdalena. Así que allá me fui. La encontré en la capilla del Sagrario encima del Santísimo. Mejor colocada imposible. La primera sensación fue la he haber estado allí muchas veces. Me sentí bien recibida. (No sé qué tienes, dulce Virgen de Valme). Las visitas se convirtieron en habituales hasta que cambié la misa diaria en mi antiguo barrio por la misa diaria en la Magdalena.

Un buen día, estando por allí, me dijo José Manuel Pavón, que por entonces era el sacristán, una frase que me dejó de piedra: “Necesitamos una catequista”. Pensé que no sabía lo que decía porque no me conocía nada más que de verme sentada en el banco, pero a los pocos días el buen padre Manuel me confirmó que era bienvenida como catequista en su parroquia.

Me gustaría hablar del padre Manuel Sánchez de Heredia, pero hoy no porque solo tengo 3.000 caracteres incluidos los espacios y se me queda cortísimo para todo lo que habría que decir de este hombre.

Son tres años los que he pasado preparando lo mejor que he podido a doce niños nazarenos para que reciban su Primera Comunión y la realidad es que ellos también me han dado una catequesis a mí. Quiero escribir sus nombres: Celia, Sergio, Ezequiel, Jesús, Lucía, Carmen Bella, Gonzalo, José, Álvaro, Valentina, Marta y la dulce Ángela.

El próximo 6 de abril, sábado de la octava de Pascua, recibirán a Jesús Sacramentado de la mano de don Manuel y ante la Virgen de Valme. Espero que, aunque los recuerdos de este día se diluyan con el tiempo, no olviden nunca la emoción e importancia de la ceremonia y lo feliz que han hecho durante estos años a su catequista.

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