En tránsito

Eduardo / Jordá

Elogio del pez borrón

14 de septiembre 2013 - 01:00

HACE poco, no sé dónde, vi una foto del pez borrón, que vive a unos mil metros de profundidad en las costas de Australia. En vez de un pez, aquella criatura nariguda parecía un viejo cascarrabias marino que llevase milenios escondido en el fondo del océano, por miedo a que alguien lo descubriera y le hiciera una foto (con vistas a hacerle chantaje, se entiende). En cierta forma, el pez borrón tuvo éxito en su empresa vital, porque no fue descubierto hasta hace unos diez años, pero sus tiempos de vivir en la oscuridad han llegado a su fin. Acabo de leer que ese misterioso pez borrón ha sido elegido la criatura más fea de la naturaleza. Y por todo internet circulan montajes visuales que se ríen de la cómica fealdad de ese pez, que parece un cruce entre el malhumorado Humpty-Dumpty de Alicia y un muñeco gruñón de Barrio Sésamo ("El monstruo de las narices", por ejemplo).

Lo curioso del caso es que me he puesto a buscar fotos del pez borrón en internet, y casi siempre ha salido la misma foto que muestra a esa criatura marina con pinta de directivo bancario en el momento exacto de oír que le piden un crédito. Pero también he encontrado otras fotos del pez borrón en que no tienen nada de singular, porque no se le ve la nariz de chirigota ni la expresión de filósofo existencialista -como de Jean-Paul Sartre marino- que le han dado una merecida notoriedad. Y entonces se me ocurre que vivimos el típico montaje de internet, organizado sobre una foto que quizá esté trucada o sólo refleje a un individuo aislado que no es representativo de la especie.

Por lo demás, la idea de belleza no tiene ningún sentido en el mundo animal. El único interés que pueden tener los animales en resultar vistosos o bonitos -según nuestros propios criterios, claro- es que su aspecto les facilite el apareamiento o les permita camuflarse ante sus enemigos. No hay más. Y hay que tener en cuenta otra cosa: el pez borrón vive a gran profundidad, en un mundo de permanente oscuridad y silencio. Si lo pensamos bien, quien está mejor adaptado a estos tiempos de desmoralización y de apreturas económicas es esa criatura gelatinosa que parece aceptar con mansedumbre su destino. Y en cambio, los orgullosos humanos que nos jactamos de nuestra belleza y de nuestro aspecto saludable acabamos siendo más bien los tontos -y los feos- de esta historia. O sea que mucho cuidado con meterse con el pez borrón. Quizá esté mucho mejor preparado que nosotros para la vida que nos ha tocado.

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