NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Menos ideología y más criterio
FUNDEU, siempre ojo avizor, colgó ayer un tuit advirtiendo de la confusión al recurrir a los sustantivos "especia" y "especie". El personal tira ambos conceptos a la sopa de letras a puñados, a discreción. Y no es lo mismo.
"Especia" es una "sustancia vegetal que sirve de condimento", y una "especie" es una "clase o conjunto de seres semejantes", reza su observación. Textualmente.
Pongamos un ejemplo metafórico: Valentino Rossi, por mucho picante que arroje en las ruedas de prensa y sobre todo en las carreras, no es una especia. Es claramente un ejemplar puro, sin mácula, de una especie. El campeonísimo italiano, desde ayer, enraiza en la especie de los grandes deportistas a los que su ambición encumbró a lo más alto al mismo tiempo que los hundió hacia lo más degradante. El ominoso club de Mike Tyson, Zinedine Zidane, Michael Schumacher -al que deseo de corazón que vuelva a disfrutar de una vida plena- o Eric Cantona.
Es inadmisible cómo estos fantásticos deportistas, que tienen tablas para cubrir todo el real de la Feria, pueden dimitir de la responsabilidad mayúscula, apasionante, que asumieron en cuanto se convirtieron en ídolos de masas: son los mayores referentes para muchos. Sobre todo, para jóvenes cuyo esqueleto moral aún tiembla por tierno.
Y si degradante fue la acción de Il Dottore ante Marc Márquez, que viajaba sobre su moto a unos 150 kilómetros por hora -no lo escribo envuelto en bandera alguna-, más lo fue la sanción posterior de los jueces. La artera acción del italiano fue en caliente, lo que no supone atenuante alguno, pero la interpretación del reglamento fue en frío, lo que supone un agravante para los que lo aplicaron. Y un mensaje tan peligroso como nocivo para todos esos miles de temblorosos esqueletos morales.
Valentino, se te fue la mano con el picante.
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