La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Abarrotado el coqueto salón de actos de la antigua Audiencia, convertida hogaño en ágora cultural, volvía ese suceso taurino que es el Mano a Mano que organiza y conduce José Enrique Moreno. Era la 68ª edición y resultó la que posiblemente haya tenido un fondo más profundo. Competían Victorino Martín y Manuel Escribano y tenía la novedad de que se trataba de un cartel eminentemente taurino sin mezcla alguna. Una delicia la lección de tauromaquia, con mayúsculas, que dictaron el criador de Patatero y su matador. Cuánta pedagogía taurina, qué conocimiento del toro bravo y de cuanto exige para el buen funcionamiento de la cosa. Qué claridad de ideas de ganadero y de torero, con qué facilidad explicaron el milagro que siempre es ese diálogo entre torero y toro que desemboca en un éxito como el de aquella tarde de sábado del alumbrado.
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