La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Incívicos y guarros

Guarros, por su descuido, los responsables municipales. Y guarros, por su incivismo, muchos vecinos

Cuestiones tal vez menores (o no tanto) pero reveladoras. Casi en la esquina de la Alfalfa con San Isidoro, donde de antiguo hubo una tienda de electrodomésticos y discos, después un Horno San Buenaventura, tras él un café italiano y ahora ya se verá, porque está en obras, hay una larga fila de contenedores de basura soterrados con sus bocas dispuestas a tragarse diferenciada y ecológicamente basuras orgánicas, plásticos y papeles. Estupendo. El problema es que están guarros hasta lo nauseabundo, chorreados de caldos inmundos que empapan todo el suelo más bien poroso que los rodea convirtiéndolo en un entorno nauseabundo. Algo que se repite en otros contenedores soterrados de la ciudad, como los de Santa María la Blanca. ¿No se limpian nunca? ¿No se reparan? Porque pasan las semanas y los padecemos así de guarros.

Siendo esto asqueroso además de insano (no sé si con las calores atraerán incluso a esos antipáticos y grises bichos de largo rabo que pululan bajo los suelos que perdimos) hay algo peor. Hace más de un mes a uno se le rompió la palanca que, accionada con el pie, sirve para abrirlo y cerrarlo. No se ha reparado. Después se averió la palanca del segundo, que se abre pero no se cierra, lo que obliga a empujar con la mano la tapa pegajosa de caldibaches que parecen vómito de la niña de El exorcista. Tampoco lo arreglaron. Y he aquí que se averió un tercero porque algún vecino intrépido lo llenó hasta acolapsarlo y se quedó con las bolsas de basura a la vista.

Esto en lo que se refiere a los de basuras orgánicas. Pa que no falte, también se atascó el de los papeles. Así que ahí tienen, en plena Alfalfa, junto a los veladores de los bares, el espectáculo de las bocas abiertas con las bolsas de basuras, los contenedores rotos y chorreados de inmundicias hasta perder su color, rodeados por unos suelos llenos de pegajosas asquerosidades.

Guarros, por su descuido, los responsables municipales; porque no me refiero a los trabajadores, que hacen lo que pueden, sino a quienes deben dotar de los medios, el personal y la planificación necesarias para mantener en funcionamiento y limpios esos artilugios y sus entornos. Y guarros, por su incivismo, los vecinos que meten bolsas enormes que atascan los contenedores, las apilan junto a ellos o -aún peor- las dejan en cualquier rincón o esquina. Tales para cuales.

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