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Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Lupanares

Lo de Juanma Moreno en el quicio de la mancebía da grima, pero lo de la Faffe provoca el vómito

Juanma Moreno ha arrancado su campaña electoral frente a un lupanar cerrado, el Don Angelo, el burdel preferido de Fernando Villén, director de la Faffe. Moreno siempre ha sido un candidato correcto, de buenos modos, pero plano, sin chispa. No pita, que dice uno de sus detractores granadinos. La denuncia de Moreno, que es el que ha presentado el último atestado de la Benemérita sobre los burdeles de la Faffe, es encomiable, pero cualquier otro, más seguro, nunca se hubiese fotografiado bajo al quicio de la mancebía.

Alexis Sanmartín es el nuevo gurú de la comunicación de Juanma Moreno, es un cordobés, amigo de Rafa Velasco y Antonio Hurtado, que ha hecho fortuna por las américas asesorando a candidatos, y ahora ha vuelto a Andalucía a chispear al líder de los populares andaluces. A los toros mansos se les ponían banderillas de fuego, a ver si se asustaban y embestían un poquito.

En fin, que sí, que parece un poco ridículo este arranque popular, pero el marco no debe empañar el lienzo, que es la bacanal doblemente inmoral.

A expensas de lo que salga de la investigación, creo que las correrías de Villén a cargo de las tarjetas públicas por varios burdeles andaluces, desde Chiclana a Córdoba, pasando por tres renombrados puticlubes hispalenses, fueron de uso personal, a excepción de los sucedido en el Don Angelo la noche en que se malició que el presidente Griñán iba a fulminar a toda la Consejería de Empleo. 15.000 euros es mucho gasto para un solo hombre, pero por lo que sé, allí no hubo otros dirigentes caídos del Boja.

Pero aún siendo una responsabilidad personal, muestra la bajeza moral y la impunidad con la que se actuaba desde Empleo. Recordemos que Guerrero le terminó dando una ayuda a su chófer y que ambos tiraban de farlopa con pasta pública. Guerrero era uno de los caudillos de taifa de la Junta, como Villén, otro repartidor de favores y puestos de trabajo a cargo del erario público. En definitiva, el paradigma de la corrupción de aquellos años, El Reino, pero entre Cazalla y el campo del Betis.

Lo de Moreno, en efecto, puede causar un poco de grima, pero lo otro es de vómito. ¿Se perdona? Hubo quienes nunca lo disculparon, se fueron y no volvieron, el PSOE nunca jamás volvió a sacar mayoría absoluta y el PP sí ganó algunas elecciones. Ya verá Juanma, la culpa no siempre es de los otros.

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