Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Una nueva generación, un mundo nuevo
EL 11 de septiembre de 1714 Felipe V derrotó a los catalanes y les quitó sus fueros. El 1 de Abril de 1939 Franco derrotó a los catalanes y les prohibió, parcialmente, el uso de su lengua. En los años 80 del pasado siglo una minoría delirante por el reconocimiento de lo que ella llama su "hecho diferencial" impuso el uso obligatorio y universal de la lengua catalana y trató y sigue tratando de asfixiar el uso de la otra lengua oficial de Cataluña, el castellano.
Así pues, los nazionalismos provienen o de monarquías autoritarias o de dictaduras de cualquier color o de prepotentes minorías radicales que intentan abrogar los derechos de las mayorías por "procedimientos democráticos". Los nazionalistas son los que jamás pronuncian la palabra España, que para ellos es siempre "el Estado". Por razones de una supuesta étnica y un diferente lenguaje, o ambos, se creen ser diferentes y algunos (que a menudo se llaman Rodríguez o Jiménez) se pavonean de no hablar castellano sino a la criada (ecuatoriana) porque, al fin y al cabo, el castellano es una lengua del " tercer mundo". El nazionalismo ha conseguido a fuerza de chantaje político conseguir de un cobarde Gobierno central que los medios de comunicación castellanos se vean forzados a mencionar ciertas ciudades en lenguas regionales. Así, Lleida, A Coruña, Bizkaia, etcétera. Es como si el Reino Unido nos obligara a escribir y decir London por Londres.
Fuera de España los nazionalistas no se reúnen sino con gentes de su tribu siempre que no sean mayores de 60 años. Los que nacieron antes del año 1950 no son nazionalistas. Crecieron en una España que era una. Los nazionalistas extraterritoriales se presentan como representantes de minorías avasalladas por una fuerza invasora. En el extranjero, y a través de su "embajadas", informan al público, entre otras cosas, que sus "países" están situados entre Francia y España. El público, bobalicón y de escasa ilustración, se traga estas fantasías.
Patriotismo es lo que los progres llaman y conocen como nacionalismo. En esto del patriotismo las clases sociales tienen mucho que ver. Para los ricos el patriotismo es el lujo. Para los pobres el patriotismo es poder comer. Ninguno de ellos, pobres y ricos, se molesta en votar. El patriotismo se refugia en la clase medias, aunque con variantes. El patriota es un ciudadano que ni jalea ni se exalta ante personalidades o símbolos, que respeta la bandera nacional (que no fue creada por Franco) y las instituciones del Estado. Patriotas son los que respetan las leyes, votan y, a regañadientes, pagan sus impuestos. No tiran los papeles en las calles, ni en los bares y recogen la caca de sus perros. El patriota está bien generalmente bien informado, conoce la historia de España y está dispuesto a reconocer y admitir que tal historia no es sino una acumulación de desastres. Que la España rica que dejaron los Reyes Católicos se deshizo en guerras insensatas. Que el descubrimiento de América fue el principio de una decadencia militar y económica a la que no se ve el fin. Que la leyenda negra es, en parte, cierta, y el patriota reconoce y lamenta las crueldades que se cometieron con los indios y las matanzas en los Países Bajos bajo los Austrias. Que los ríos de oro que entraron en España en la época imperial y en nuestros días, bajo la Unión Europea, se malgastaron y nos dejaron pobres y maltrechos. Y, sin embargo, el patriota ama a su patria como se ama a una hija tonta o loca.
Patrioteros son los que para ellos España, "su" España, jamás se equivoca, Como proclaman sus homólogos angloparlantes "my country, right or wrong". El patriotero español cree a pies juntillas lo que lee en los textos triunfales (el triunfalismo no desapareció con Franco). El patriotero es el que lleva a los campos de futbol la bandera nacional (preferiblemente con el toro de Osborne) o las de sus autonosuyas aprovechando la ocasión para insultar a los jugadores negros. Para el patriotero las leyes, reglamentos y ordenanzas están de mas; es amigo de la botellona y sus excesos y adorna paredes y muros con vivas y mueras a discreción. En su versión internacional el patriotero español es, como le llamo yo, "professional Spaniard" o "español de oficio", lleva la bandera nacional en la solapa y en el parachoques de su coche. Va por todas partes con los bolsillos atiborrados de folletos de la oficina española de turismo mas cercana, que distribuye a propios y extraños y su casa esta llena de carteles españoles variados. Cuando se reúne con sus amigos no se cansa en denigrar el país en el que vive y al que voluntariamente ha emigrado. No se relaciona con nadie, sino con españoles, y si puede, vive a la española, o sea, almuerza a las tres de la tarde.
El patriotero peninsular proclama a gritos que como España no hay nada y se las da de castizo. Y sin embargo acepta sin pestañear celebraciones foráneas como Halloween, prefiere llamar a su hija Samantha porque María es el nombre de una galleta y los fines de semana se pone su gorrito de baseball y brinda con Coca Cola por el triunfo de su equipo de basketball.
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