La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
LA Fundación Valentín de Madariaga acogió anoche la inauguración oficial de la delegación de CCAdicciones en Sevilla, ubicada en la calle Marqués de Parada, 24 y que dirige el psicólogo y terapeuta especializado en adicciones Pablo Sosa.
En el acto intervinieron Pedro García Aguado, ex campeón olímpico y del mundo de waterpolo, y presentador del programa Hermano Mayor, ex adicto y colaborador del centro, y los fundadores de la clínica de CC Adicciones, Francisco Prados y Francisco Fernández.
En CCAdicciones, con sede en Mataró (Barcelona) y seis delegaciones en España, se tratan las dependencias de las adicciones, como alcohol, cocaína, cannabis, benzodiacepinas, metanfetamina y anfetaminas, con el objetivo de devolver al paciente la recuperación total, pudiendo'éste retomar el control de su vida sin el yugo al que se encuentra sometido. Según sus fundadores, el índice de éxito del centro es del 80% tras un año de tratamiento.
Pablo Sosa señaló que el alcoholismo es una enfermedad con base biológica, psicológica y social. Existe una predisposición genética a la compulsión, el consumo produce un mal funcionamiento de las células cerebrales que origina el síndrome de abstinencia, compatible en casos con la muerte (delirium tremens) que hace que algo tan agradable como tomarse una copa se convierta en una necesidad imperiosa.
"Desde la delegación que hoy inauguramos en Sevilla" , indicó, "vamos a supervisar terapéuticamente la puesta en práctica de todo este aprendizaje para modificar conductas adictivas y vamos a supervisar al paciente para que, en un medio social rígido al cambio y lleno de estímulos, pueda evitar la recaída, que es el tema más cruel de la adicción".
Según Sosa, aún se sigue identificando el alcoholismo como un vicio, asociado a la falta de voluntad o a las malas compañías, y aseguró, como exalcohólico, que nadie está contento con esa condición de alcohólico o drogadicto, y que desea sinceramente salir de esa situación. Si no acude a tratamiento es, según su experiencia, por vergüenza al estigma social y por autoengaño, ya que cree que puede superar sin ayuda su adicción, " y todos sabemos que eso es imposible".
"Me hubiera gustado", concluyó," haber oído este mensaje de esperanza en tiempos ya muy lejanos en los que me di cuenta de que ya no bebía para divertirme, sino para no sufrir".
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