El Orgullito

Que gritos homóbofos retumben entre el público del Maestranza da, como poco, vergüenza ajena

16 de junio 2023 - 01:30

En relación a Sevilla, tengo al menos dos reivindicaciones persistentes a las que nadie le echa cuentas. Una es que, a los vecinos de los barrios turistificados, el Ayuntamiento los provea de equipaciones pintorescas (de picaor, quincallera de la Heria, cigarrera, valentón de la Cruz Verde, negro horro, niño de Murillo, picaruelo de Monipodio, palmero de Eritaña…), y que las usen como ropa de calle, oficina y atención al público, para regocijo de los visitantes. De perdidos, al río. Mi otra reivindicación histórica es que, al igual que tenemos el Corpus y el Corpus Chico, o la Cabalgata de Sevilla y, al día siguiente, la de Alcosa o Torreblanca, celebremos El Orgullo y a continuación, en cada barrio, El Orgullito. Si somos jartibles–y a mucha honra–, lo somos para todo.

Sigo en mi imaginación la fantasía de montar El Orgullito, participativo, barroco, local y loquísimo. Con cucaña, por supuesto. El barrio, volcado. Esas madres gobernando la confección de las carrozas. Sus muchachos liando para el desfile a cornetas de la banda. Mujeres saliendo de la casa que comparten desde siempre por fin cogidas de la mano. Históricas de mi calle contándonos cómo eran los tiempos en que se les consideraba asexuados dignos de cariño por lástima, o se les daba un puesto hipócritamente entrañable en la marginalidad. Sueño en voz alta a sabiendas de que, ¡a estas alturas!, puedo ser despreciada e insultada por cantar a la libertad y la diversidad de las gentes a la hora de vivir abiertamente su vida sin las perversas represiones que destruyen y depravan. La Historia nos ha enseñado que no existe liberación ni conquista de derechos sin su siguiente ola iracunda y reaccionaria. Valdrá más una imagen de Joaquín con vestido y bolso, y el hashtag#quediganloquequieran, que mis mil palabras. Pero aquí están, claras como el agua, claras.

“¡Maricones!”, “¡Ya tenemos bastantes maricones en la tele!”, sonaron voces tonantes contra los artistas desde las butacas del Maestranza en plena representación de Tosca, de Rafael R. Villalobos. Es la nota de color –negro– sobre la que me quiero detener (la crítica, exquisita, de la obra, firmada por Pablo J. Vayón, pueden encontrarla en este su Diario). Como sugería aquí mismo Mercedes de Pablos, conviene ir a los sitios habiéndose leído antes el prospecto, vaya a ser que lo que algunos encuentren allí sea lo que buscan, ser escandalizados y poner de manifiesto su homofobia irreprimible. Pasolini lo sabía. La obra te puede gustar o no, y expresarlo al final de la representación con pitos o palmas. Pero que gritos homófobos de este pelaje retumben entre el público del Teatro de La Maestranza da, como poco, vergüenza ajena. ¡Arriba ese Orgullito!

stats