A Pedro Sánchez le tienen sin cuidado las lealtades, pero le importa mucho que alguien de su entorno admita públicamente que no comparte su criterio. Las cunetas están plagadas de cadáveres de personas que mantenían una sólida amistad con el hoy presidente pero que en un momento determinado le dijeron que no estaban de acuerdo con el camino que había emprendido. Ni se inmutó: prescindió de ellos, aunque a Pepe Blanco, por ejemplo, le debiera todo en su carrera política y Antonio Hernando, por ejemplo, fuera uno de sus mejores amigos.

Ayer tomaron posesión los nuevos ministros y Miquel Iceta dijo públicamente que siente dejar Administraciones Públicas, aunque conociéndolo, dentro de nada se va a sentir encantado en Cultura, Ministerio que le va como anillo al dedo. No tendrá el peso que tenía, ni tampoco se sentará en la mesa negociadora con los independentistas catalanes en representación del Gobierno central. Le sustituye una Isabel Rodríguez que no está por la España federal como Iceta, sino que le preocupa la España rural, que languidece por la falta de proyectos, de medios y de gente. El actual Gobierno no es igual que el anterior.

Con las tomas de posesión de los ministros se cierra el primer capítulo de la operación "Ganar elecciones" y se inicia el segundo, el del partido. El Gobierno estaba abrasado y desprestigiado, necesitaba un vuelco total en el que Sánchez ha cambiado todas las fichas importantes… excepto la suya. Y toca ahora reestructurar el partido, el relanzamiento de un Psoe en decadencia. Adriana Lastra seguirá mandando como vicesecretaria, aunque dedica más tiempo al Congreso de los Diputados que a Ferraz, y todo indica que Santos Cerdán, hombre de confianza de Ábalos, acabará siendo secretario de Organización. Parece, aunque no es seguro. Pero sobre todo, y eso se vio desde el mismo instante que Sánchez anunció el nuevo Gobierno, lo que prepara el presidente del Ejecutivo y secretario general del Psoe es una ejecutiva con caras nuevas y jóvenes que, tras dos años fogueándose en carteras ministeriales puedan convertirse más pronto que tarde en referencias territoriales.

A Sánchez le preocupa que el Psoe pierde fuelle a pasos de gigante, que la operación Cataluña no va por los derroteros esperados porque los independentistas siguen amarrados a sus consignas de independencia y amnistía; que los indultos han hecho un roto importante en la consideración de Sánchez como estadista, y que la economía y el empleo, como no lo remedie Calviño -con permiso de Yolanda Díaz- puede echar por tierra el objetivo de Sánchez de repetir mandato.

Para conseguirlo, o tratar de conseguirlo, ha cambiado el Gobierno. Y en pocas semanas cambiará de arriba abajo el partido. Si hay que recuperar rostros del pasado, caras que defendían otras posiciones, y dejar de lado iniciativas que se consideraban inamovibles, se hace. Lo que haga falta para ganar en 2023 o en 2024. Como sea.

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