Políticos en el puente

No basta con interrumpir un puente festivo para visitar a los heridos y adoptar medidas urgentes

Los políticos también son hijos de Dios. Incluso los de Vox y los de Podemos. Esto lo digo porque me parece muy bien que personas de ideologías opuestas, como Iván Espinosa de los Monteros y Pablo Iglesias, puedan dialogar en presencia de Inés Arrimadas. Y, además, que Espinosa de los Monteros e Iglesias tienen cuestiones en común, como que sus respectivas esposas, Rocío Monasterio e Irene Montero, también se dedican a la política, y es normal que ambos matrimonios superen dificultades para conciliar y hacer las faenas domésticas en sus chalés. Aparte de otras cuestiones que no nos interesan, como si quieren organizar una cena navideña en estos días. Me parece bien incluso ir a la cárcel para hablar con los políticos presos, como Oriol Junqueras, que también es hijo de Dios, y bastante devoto. A ver a los presos no sólo van los líderes de CCOO, Unai Sordo, y de UGT, Pepe Álvarez, sino que eso es lo habitual en la pastoral penitenciaria.

El párrafo anterior no tiene nada que ver con lo que sigue, excepto que se incluye para dejar claro que todos somos hermanos (algunos primos), y que en el puente de la Constitución y de la Inmaculada cada cual puede hacer lo que se le antoje: echar unas risas con sus enemigos políticos, visitar a los presos, viajar a la Patagonia, participar en los besamanos, asistir a la Cumbre del Clima, o yo qué sé. Sin embargo, aunque los políticos hayan estado de puente, hay que valorar su disposición para interrumpirlo cuando era necesario.

Lo digo por lo ocurrido en Sevilla con el microbús de Tussam. A Juan Espadas le tocó visitar a heridos hospitalizados. Vuelvo a repetir, como ayer, que el alcalde no tiene la culpa de que un conductor de Tussam se estrelle con su microbús en el escaparate de Zara, en la esquina del Duque-Campana. Pero como el martes anterior otro microbús de la misma línea C-5 había sufrido un siniestro vistoso en la plaza del Duque, es natural que eso provoque una alarma social. Por eso, no se podían quedar de brazos cruzados, aunque estuviéramos en un puente, y no se quedaron. Además de las visitas hospitalarias, decidieron la retirada de los microbuses Mercedes eléctricos, de las mismas características, hasta que expliquen los fallos.

¿Con eso es suficiente para lavar las responsabilidades? Parece que no, porque algo ha fallado en Tussam y no se detectó a tiempo. Lo sucedido es grave, pero mucho menos de lo que pudo pasar. Por ello, no basta con interrumpir un puente festivo para visitar heridos y adoptar medidas urgentes. Hay que esclarecer lo ocurrido, sin demoras, y con todas sus consecuencias.

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