La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Recuerdo de Fernández Bañuls

Nadie más primitivo nazareno y macareno que él. Tanto como él sí -Juan Dávila, por ejemplo-, pero no más

Pocas amistades han cuajado de forma tan singular como la que me une -lo digo en eterno presente macareno- a Juan Alberto Fernández Bañuls. Permítanme recordarlo este segundo día de veneración a nuestro Jesús Nazareno. Nos veíamos solo una vez al año, el primer viernes de marzo en San Antonio Abad. Después íbamos a Los Estepeños a desayunar café con torrijas. Y hasta el año que viene si Dios quiere. Pasado el tiempo se integró en nuestro café diario con Barberán, el de las Siete Palabras y San Esteban, amigo suyo de antiguo; Muela, el del Calvario, y Ruiz Vázquez, el del Cachorro y el Calvario. Acabó uniendo el Calvario a sus hermandades del Baratillo y el Silencio. Pero algo le faltaba. Y como era tan macareno no quiso presentarse ante la real presencia de la Esperanza sin antes haberse hecho hermano. Las circunstancias en que la hermandad lo recibió son de las que hacen la grandeza humana de una corporación, expresan la esencia generosa hasta la demasía de lo macareno y definen a tan buenos servidores de la Esperanza como Juan Ruiz Cárdenas. Pocos días después salía su féretro de la Basílica mientras sonaba Coronación para después descansar junto a sus primitivos hermanos en San Antonio Abad.

Ningún amigo, como él, compartía tan hondamente esa afinidad entre Jesús Nazareno y la Macarena como dos símbolos de la muerte vencida que siempre he sentido. A ninguno, como él, le emocionaban por igual las saetillas, Gámez, Morales y Braña. Ya lo dije cuando tuve que decirlo: "Qué dos mundos, el tintinear de los faroles, las saetillas, el Silencio, de una parte; y de otra los cuerpos de pie, todos, al mismo tiempo, como un suelo que creciera prodigiosamente, el escalofrío de la música que se acerca, los ciriales que aparecen, los cirios verdes que se arremolinan, la Macarena. Qué dos mundos, tan distintos, tan iguales; qué dos glorias de Sevilla nacidas en el mismo barrio, qué dos formas de hacer bello el dolor: plata y carey por Cuna, y una cara en la Campana". Y nadie lo comprendió mejor que Bañuls.

Nadie más primitivo nazareno y más macareno que él. Tanto como él sí -Juan Dávila, por ejemplo-, pero no más. En uno de sus hermosos textos -El ansia de estar contigo- contaba cómo bajo su túnica de ruan le consumía la impaciencia por encontrarse con la Esperanza en San Juan de la Palma. Con ambos está desde 2008, colmada -demasiado pronto, ¡ay!- su ansia.

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