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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

De Rey Mago a Herodes

Hoy cumple Juan Carlos I 84 años. Su nacimiento en Roma coincidió con la batalla de Teruel

Hoy cumple el Rey emérito Juan Carlos I 84 años. Dice Charles T. Powell, uno de sus biógrafos, que su nacimiento el 5 de enero de 1938 en el hospital angloamericano de Roma pasó desapercibido en España "por coincidir con la batalla de Teruel". He subdividido su vida en cuatro tiempos de 21 años. El primer cuadrante lo sitúa en 1959. España sigue aislada, pero Bahamontes gana el Tour de Francia, Severo Ochoa el Nobel de Medicina y Eishonwer visita España, tapando en el descapotable la pírrica figura de Franco. El segundo nos lleva a 1980. Adolfo Suárez en la presidencia del Gobierno, el año del 28-F y los Juegos Olímpicos de Moscú, preludio de los de Barcelona porque en pleno boicot de Estados Unidos y sus aliados Samaranch salió proclamado como nuevo Coubertin. 21 años después nos plantamos en 2001. Un año antes del euro, en las entrañas del dólar, se produce el atentado contra las Torres Gemelas. Occidente se tambalea. Y llegamos a este 5 de enero de 2022. El rey que nació en el exilio de sus mayores vive ahora su particular destierro.

En la lectura de los Magos del evangelista Mateo hay cinco reyes: el rey Herodes, el rey de los judíos que acaba de nacer y por el que preguntan estos exóticos astrónomos, y la terna de la magia. Dice una leyenda armenia citada por la historiadora María Jesús Sanz que Melchor era el rey de Persia, Gaspar de la India y Baltasar de "la Arabia". "Entre las urgencias de estos días", escribe Álvaro Cunqueiro en su relato El viaje de los tres reyes, "no es la menor preguntar de cada y cuándo por dónde andarán los tres señores reyes del Oriente, si van subiendo o bajando, pasan un puente o coronan una colina, moran en almenado castillo o levantan tiendas en el campo, o hacen noche en un oasis del desierto". Incluye unos versos de Valle-Inclán sobre la ubicación del pesebre, si "era de Judea, la aldea, o de Arabia feliz".

El rey Juan Carlos I ha pasado en este recuento de la Transición de mago de Oriente a rey Herodes y su nebulosa se pierde como los relatos antedichos por las tierras de la Arabia feliz, en el oasis de Abu Dhabi. Lo bautizó el cardenal Pacelli, futuro Papa Pío XII, que un año antes, en 1937, publicó una homilía en la que comparó a Hitler con el diablo.

Tarancón al paredón. Ése fue el contexto eclesial de la proclamación de Juan Carlos I dos días después de la muerte de Franco. El rey hizo con los franquistas, los herederos del Caudillo, lo mismo que los magos de Oriente con el taimado de Herodes: les dio pistas falsas y eligió el camino de la modernidad y la legitimidad democrática. Sus últimos borrones no deben empañar la astucia política y la intuición del monarca que consiguió que Santiago Carrillo abrazara la bandera rojigualda como enseña y la monarquía parlamentaria como sistema político de la reconciliación. Franco quería en Juan Carlos un rey continuista, un títere de su sentido chapucero de la eternidad, un Napoleón III de aquel Napoleón de guardarropía; igual que el republicanismo anacrónico y medio Gobierno quieren hacer de su hijo Felipe VI marioneta de sus delirios.

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