Diario de Sevilla Mantenemos la cita diaria en los quioscos como actividad esencial decretada por el Gobierno en la crisis del coronavirus

Matemático: no hay año en el que, en navidades, no acabe entrando por alguna puerta del centro de salud. Bien en mi propio nombre -porque me luxo el coxis o se me enquista una lentilla o me dan pulmonías o me entra una endeblez de clorótica-, bien acompañando a familiares o amistades con el estómago delicado, un ataque de nervios o la cara partida, según se hayan tropezado con los polvorones, con el cuñado o con la nueva alfombra. Estoy segura de que no soy la única. En esta época, los fríos y las originalidades culinarias; los chiquillos en casa, desafiando a cada momento la ley de la gravedad; la tensión de ciertos vínculos y la intensidad de las emociones; las pistas de hielo, los audaces; las excursiones, el cambio de rutinas, o esto de aprovechar los ratos libres para montar solita la estantería, pueden perjudicar gravemente la salud. Lo lógico y propio de un servicio público capaz de responder a las demandas de atención sanitaria de Sevilla sería mantener en estas fechas las consultas de médicos de cabecera, enfermería y pediatría. Y no es así. Desde el pasado lunes hasta el 7 de enero, 23 centros de atención primaria de nuestra ciudad están cerrados por las tardes. Cada vez que le pregunto a un buen amigo por cómo va su salud, me responde así: "Mejorando para peor". Por esto y por otros asuntos cotidianos que, tristemente, vivimos en los 'ambulatorios' pacientes y profesionales -dan para otra columna-, propongo su respuesta como diagnóstico actual de la atención primaria en nuestra ciudad: mejorando para peor.

El cierre parcial de 23 de 31 centros de salud en Sevilla no es buena idea: muchos de quienes debieran llamar a la puerta de su médico de familia quizá opten por acudir a las urgencias hospitalarias -que de por sí en las fiestas están a tope- o bien por ser derivados a otro centro. Por supuesto que el personal del sistema sanitario público andaluz tiene derecho a tomar vacaciones; a lo que no hay derecho es a que ello afecte a la atención sanitaria de una ciudad que, lejos de vaciarse en Navidad, se aviva más aún. Escribo esto con la sensación de hablar por la boca de Perogrullo, pero lo que digo no es para todos una obviedad. El Distrito Sanitario Sevilla dice que garantiza la atención "con normalidad", y que ha hecho una "exhaustiva planificación de los recursos asistenciales para compatibilizar el descanso de los profesionales con la respuesta de los problemas de salud de los ciudadanos". Saber que nuestro centro de salud está cerrado y que hay que ir al de otro barrio, desalienta a acudir "con normalidad" al médico. Alzo mi copa con un brindis: en estas Navidades y Año Nuevo, les deseo muchísima salud; me quedo más tranquila si no se me ponen malitos en estas fechas.

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