Visto y Oído

Antonio Sempere

Santandreu

29 de junio 2015 - 01:00

CÓMO es el psicólogo Rafael Santandreu. Ha pasado consulta todos los miércoles en Para todos la 2, y cuando llegaba la hora de su sección no quedaba más remedio que abandonar otros quehaceres, apagar la tapa del portátil y prestarle toda la atención. Menudo es Santandreu. Recuerdo cuando habló sobre la envidia. Ese pecado compartido por 47 millones de españoles. Y es que nadie se libra de ella.

Rafael se puso el mundo por montera y se confesó (¿qué día no lo hace?) ante las cámaras. Sacó un retrato de Jorge Bucay y lo adornó con una corona de laurel, en señal de desagravio. Y es que él había sentido una profunda envidia, durante mucho tiempo, por el enorme éxito profesional y editorial cosechado por su colega.

Rafael explicó por activa y por pasiva que la envidia es muy mala consejera. Porque nos sume en un considerable complejo de inferioridad, ese que trae tan malas consecuencias. En realidad, Santandreu clarificó que toda envidia tiene su origen en este complejo. Que la envidia se siente por los más próximos, los compañeros, los que tienen tu status, tus iguales, no por los multimillonarios ni adinerados instalados en una órbita lejana.

Con claridad meridiana, nuestro psicólogo de cabecera nos aseguró en La 2 que no hay envidia sana que valga, y que mientras no descubramos que la felicidad no está en tener más ni en ser más, sino en lograr ser felices con lo que tenemos y con lo que somos, no alcanzaremos el ansiado nirvana, léase equilibrio, léase lo más parecido a la serenidad que ha de primar en nuestras existencias. Ilustró con biografías de personajes que habiendo alcanzado el éxito y la fortuna se encontraron un día con el más absoluto vacío en sus vidas.

Parece obvio lo que nos contó Santandreu, a la vista está. Pero qué bien nos vendría aplicarnos el cuento.

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