La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
RISTO no lo hacía mejor. Era distinto. Más impostura, más interpretación. Pepa Bueno es preguntas y silencios. Escucha. Lo que hace en la radio, y eso se notó en su primer Viajando con Chester, que (podemos quedarnos tranquilos) va a seguir siendo de lo más potable de Cuatro y de la enconada noche dominical. Fueron dos programas distintos, con sendos sofás, como hacían sospechar sus personajes. Con Felipe González fue un chester más reflexivo, histórico y mordiente. Con José Coronado se telecinqueó hasta el estilo de Ana Rosa, más lentejuela, bambalina y pantojeo. Cómo no se iba a sacar partido de aquel idilio de cine con la viudísima; igual que con Felipe González se extraían sus episodios sevillanos, de vaquería y zotal, como se retrataban en las hagiografías de los tiempos de Calviño sobre aquel líder de los 800.000 puestos de trabajo. Qué tiempos más analógicos.
En la habitación del Palace surgieron titulares, como prometía Pepa Bueno. Como la petición de listas abiertas que propone el ex presidente para regenerar el clima político o la similitud (comparación atinada, hay que reconocerlo) entre Pablo Iglesias y Aznar. Parecidos razonables en comunicación, carácter y gesticulación.
El Chester va a a seguir dependiendo del voltaje del interlocutor, de su interés de por sí y el interés que ponga en su intervención, en un contexto dado a la confidencia y con unos montajes de posproducción que animan o redirigen la charla. Bueno preferirá sostener su posición de periodista curiosa y formal; próxima, pero respetuosa. La ex presentadora del Telediario y voz del Hoy por hoy no está por la labor de crearse ahora un club de fans. Mas tratándose de Mediaset no habría que poner la manita de Pepa en el fuego.
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