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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Tiempo de Dios, tiempo del Diablo

Es tiempo, y lo escribo con respeto a todas las devociones de Amargura, Gran Poder, Macarena y Cachorro

Los azulejos del Señor de la Salud y la Candelaria han sido mi Cuaresma y mi Semana Santa en la calle desde el 14 de marzo, las únicas que veo en mis breves salidas necesarias. Todas las mañanas les rezo. También ayer. Cielo nublado, lluvia, adoquines mojados, naranjos de la barreduela ya sin azahares. Al volver hubiera querido escribir, no negro sobre blanco sino plata sobre azul, de la luz de un Martes Santo de cofradías en la calle y colas de besamanos en San Lorenzo. Pero no puedo. Es tiempo, y lo escribo con respeto a todas las devociones, de Amargura, Gran Poder, Macarena y Cachorro.

De Amargura porque en esta hora negra necesitamos esa fe solo suya, más fuerte que ninguna otra, que se aferra a un Dios que parece haberla abandonado, como si la profecía de la espada de Simeón hubiera ganado a las de Gabriel e Isabel. Si nunca fue más ella que en el despojo de la foto del cajón, ninguna Semana Santa ha sido más ella que esta de 13.000 muertos, agonías sin consuelo y entierros sin duelo. Escrito está en su palio el Amore Flebo de Isaías: "Apártense de mí, que quiero llorar con amargura; no traten de consolarme de la catástrofe de mi pueblo".

De Gran Poder porque pedimos al Señor esa fuerza solo suya para cargar con una cruz que excede nuestras fuerzas y cobijo en la misericordia y la ternura de sus ojos. De Macarena porque en esta hora oscura necesitamos su eterno amanecer derrotando madrugadas, seguir adelante sin olvidar a los muertos, animarnos sin prescindir del duelo, mirar de frente sin miedo y sentir esperanza entre tantas sentencias de muerte. Y de Cachorro para ver a Dios en tantas, duras y solitarias agonías.

Esta es la hora en que el Diablo y los suyos se sienten más fuertes. Bien lo sabía el no santo Baudelaire -"El Demonio se agita a mi lado sin cesar… / Así me conduce, lejos de la mirada de Dios… / y lanza a mis ojos, llenos de confusión, / sucias vestiduras, heridas abiertas, / y el aderezo sangriento de la destrucción- y la santa Ángela de la Cruz:"En los quebrantos, no perder a Dios de vista". Escrito está en la Sabiduría: "Ellos se dicen entre sí, razonando equivocadamente: No conoce a nadie que haya vuelto del Abismo. Hemos nacido por obra del azar, y después será como si no hubiéramos existido". Allá ellos. Yo procuro decir con San Agustín:"Esto sólo sé: que me va mal lejos de Ti; y que toda abundancia mía que no es mi Dios, es indigencia".

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